Ideas principales
A menudo identificamos el progreso con móviles más rápidos, nuevos tratamientos médicos o máquinas capaces de realizar tareas sorprendentes. Sin embargo, una sociedad tecnológicamente avanzada podría continuar siendo profundamente injusta. Esta posibilidad nos obliga a preguntarnos si progresar significa únicamente poder hacer más cosas o también aprender a decidir cuáles merece la pena hacer.
Partiendo de esta cuestión, consideramos que la filosofía contribuye al progreso humano al fomentar el pensamiento crítico, examinar nuestros fines y permitirnos distinguir el avance técnico de una auténtica mejora de nuestras vidas.
En primer término, la filosofía combate la aceptación pasiva de las creencias. Descartes sostiene en el Discurso del método que debemos evitar la precipitación y analizar aquello que consideramos verdadero. Esta actitud permite revisar prejuicios y costumbres heredadas. Una sociedad puede avanzar cuando sus ciudadanos se preguntan si determinadas normas siguen estando justificadas en lugar de obedecerlas simplemente porque siempre existieron.
A continuación, debemos reconocer que todo progreso necesita una dirección. Platón defiende en la República que el conocimiento debe orientarse hacia el bien. Una inteligencia artificial extremadamente eficaz sería un gran avance técnico, pero difícilmente hablaríamos de progreso humano si se utilizara para manipular o discriminar. La filosofía nos obliga, por tanto, a evaluar no solo nuestras capacidades, sino también los fines hacia los que las dirigimos.
Frente a ello, podría decirse que la propia filosofía también ha defendido ideas equivocadas. Nietzsche, en La gaya ciencia, cuestiona las certezas convertidas en dogmas y muestra que ningún sistema debe considerarse intocable. Esta crítica confirma que la filosofía solo favorece el progreso cuando conserva su capacidad de cuestionarse a sí misma. Filosofar no consiste en conservar respuestas antiguas, sino en someterlas nuevamente a examen.
En definitiva, un nuevo dispositivo puede ser más avanzado que el anterior sin mejorar necesariamente nuestra convivencia. El progreso auténticamente humano requiere decidir cómo queremos utilizar nuestras posibilidades. La filosofía no fabrica máquinas ni medicamentos, pero analiza los valores que orientan su uso. Su aportación consiste en recordarnos que aumentar nuestro poder no equivale automáticamente a vivir mejor y que todo avance necesita también reflexión crítica.