Ideas principales
Cada vez resulta más habitual que, antes de intentar resolver una duda, recurramos inmediatamente a una inteligencia artificial. En pocos segundos obtenemos explicaciones, argumentos e incluso trabajos completos. Esta facilidad puede ayudarnos enormemente, pero también plantea una inquietud: quizá disponer siempre de una respuesta reduzca las ocasiones en las que nos esforzamos por pensar una por nosotros mismos.
Ante este fenómeno, sostenemos que la inteligencia artificial puede ampliar nuestra reflexión si actúa como herramienta, pero puede debilitarla cuando delegamos en ella el esfuerzo de comprender, dudar y formar juicios propios.
En primer lugar, reflexionar requiere aprender a desconfiar de las apariencias. Descartes utiliza en las Meditaciones metafísicas la duda para comprobar si sus creencias están verdaderamente justificadas. Del mismo modo, no deberíamos aceptar una respuesta artificial únicamente porque parezca convincente. Contrastar datos y reconstruir el razonamiento por nosotros mismos transforma una información recibida en verdadero aprendizaje.
A su vez, la inteligencia artificial puede mostrarnos argumentos diferentes de los que habíamos considerado. Ortega y Gasset defiende en El tema de nuestro tiempo el carácter perspectivista de nuestro conocimiento. Consultar otras interpretaciones puede ayudarnos a descubrir los límites de nuestra primera opinión. La tecnología amplía así nuestra reflexión cuando la usamos para comparar perspectivas, no cuando copiamos sin comprender.
Con todo, existe el riesgo de conceder a estas herramientas una autoridad excesiva. Nietzsche, en El crepúsculo de los ídolos, cuestiona las certezas que terminamos aceptando sin examinarlas. Una respuesta automática podría convertirse en una nueva certeza de este tipo. Sin embargo, el peligro no reside exclusivamente en la herramienta: depende también de nuestra actitud. Podemos utilizarla para evitar pensar o, por el contrario, para formular preguntas más exigentes.
En conclusión, ocurre algo parecido cuando un compañero nos explica un ejercicio: su ayuda es útil si después somos capaces de resolverlo autónomamente. La inteligencia artificial condiciona nuestra reflexión porque modifica la manera de buscar respuestas, pero no determina necesariamente el resultado. Si conservamos la duda, la comprobación y el juicio propio, puede ampliar nuestra inteligencia; si renunciamos a ellos, puede fomentar nuestra pasividad.