Departamento deFilosofía
Platón · República

14 · Los cuatro estados del alma

Quieres distinguir lo que de lo real e inteligible es estudiado por la ciencia dialéctica, estableciendo que es más claro que lo estudiado por las llamadas 'artes', para las cuales los supuestos son principios. Y los que los estudian se ven forzados a estudiarlos por medio del pensamiento discursivo, aunque no por los sentidos. Pero a raíz de no hacer el examen avanzando hacia un principio sino a partir de supuestos, te parece que no poseen inteligencia acerca de ellos, aunque sean inteligibles junto a un principio. Y creo que llamas 'pensamiento discursivo' al estado mental de los geómetras y similares, pero no 'inteligencia'; como si el 'pensamiento discursivo' fuera algo intermedio entre la opinión y la inteligencia.
—Entendiste perfectamente. Y ahora aplica a las cuatro secciones estas cuatro afecciones que se generan en el alma; inteligencia, a la suprema; pensamiento discursivo, a la segunda; a la tercera asigna la creencia y a la cuarta la conjetura; y ordénalas proporcionadamente, considerando que cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la claridad.
—Entiendo, y estoy de acuerdo en ordenarlas como dices.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a la República, obra en la que Platón se pregunta qué es la justicia y expone al hacerlo, de pasada, las bases de su idea de la realidad y del conocimiento.

Idea principal 1.1

La idea principal es la ordenación completa y definitiva de los saberes. A las cuatro secciones de la línea les corresponden ahora cuatro afecciones del alma: la inteligencia a la suprema, el pensamiento discursivo a la segunda, la creencia a la tercera y la conjetura a la cuarta. La regla que ordena todo es que «cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la claridad».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es si el conocimiento tiene realmente niveles distintos. ¿Valen exactamente lo mismo percibir, creer, calcular y comprender, o existe entre esas cuatro formas distintas de conocer un orden objetivo, independiente de nosotros? Y si es que existe realmente, ¿en qué se apoya entonces ese orden? Se trata también de un problema ontoepistemológico: la jerarquía de los estados del alma reproduce punto por punto, sin desajuste alguno, la jerarquía de lo real.

Comentario del texto 1.2

El texto empieza repasando una vez más la diferencia de fondo entre la dialéctica y las matemáticas. Lo que estudia la ciencia dialéctica es más claro que lo que estudian las demás artes, porque para estas los supuestos son ya principios: dan por definitivo aquello que solo era en realidad un punto de partida. Los matemáticos no usan los sentidos, sino el pensamiento discursivo, pero nunca revisan sus propios supuestos, ya que van de ellos hacia las conclusiones y no hacia un principio. Por eso no llegan a poseer inteligencia sobre lo que estudian, aunque aquello sea inteligible.

La lección que se saca es muy fina, porque la categoría de un saber no depende solo de qué es lo que estudia, sino también de cómo es que lo estudia. Y de ahí sale además la definición del término técnico: el pensamiento discursivo, o dianoia, es el estado mental propio de los geómetras y de los suyos, y no llega a ser inteligencia, o noesis, sino «algo intermedio entre la opinión y la inteligencia», un puente tendido entre la doxa y la ciencia ya completa.

Al final se establece la correspondencia entera y definitiva, con cuatro secciones y otros cuatro estados del alma: la inteligencia para las Ideas, el pensamiento discursivo para los objetos matemáticos, la creencia para las cosas que percibimos a diario y la conjetura para las imágenes y las sombras. Una sola regla ordena toda la escala, porque cuanto más participen de la verdad tanto más participan de la claridad; es decir, lo claro que sea nuestro conocimiento depende siempre de lo verdadero que sea aquello que se conoce en él.

Este esquema cierra del todo la comparación de la línea dividida y da además la clave del mito de la caverna, ya que cada etapa del prisionero liberado se corresponde exactamente con uno de estos cuatro estados del alma. Educar es, por tanto, ir pasando ordenadamente desde la conjetura hasta la inteligencia.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Platón ordena los cuatro estados del alma, está resumiendo su filosofía entera. El texto ha mostrado que la realidad tiene grados y que el conocimiento los tiene exactamente igual, de manera que cada nivel de saber depende del grado de realidad que tenga aquello que conoce. De ahí sale una regla que vale para todo el pensamiento de Platón: no hay teoría del conocimiento sin una teoría de la realidad.

La comparación da por supuesto, además, todo su dualismo, con el Bien situado en lo más alto de la escala. El alma sube de un mundo al otro poco a poco, mediante la educación, que termina en la dialéctica, y esa subida tiene al final un objetivo político: formar al filósofo que ha de gobernar. Conviene exponer ahora ese sistema en su conjunto.

Síntesis de la filosofía de Platón 2.2

La filosofía de Platón nace de dos golpes muy concretos. Los sofistas enseñaban que no hay verdades firmes, sino que cada cual tiene la suya, y a eso se lo llama relativismo; además, Atenas condenó a muerte a Sócrates, su maestro. De ahí su objetivo: encontrar un saber seguro que sirva de base para vivir bien y para gobernar con acierto.

El centro de su filosofía es la teoría de las Ideas, según la cual la realidad se parte en dos mitades muy desiguales. El mundo sensible es el que se ve y se toca: material, cambiante, imperfecto, una simple copia de otra cosa. El mundo inteligible es el de las Ideas: realidades perfectas y eternas que no cambian nunca ni se corrompen, como la Belleza misma o la Justicia misma. Las cosas de aquí abajo son lo que son porque imitan a esas Ideas, y a esa imitación Platón la llama participar. En lo más alto de todo está la Idea del Bien, que da existencia y verdad a lo demás igual que el sol da luz y vida a cuanto crece.

A cada mundo le corresponde un tipo de saber. Del sensible solo cabe opinión, en griego doxa, que puede fallar y que varía de unos a otros. Del inteligible cabe ciencia, episteme, con dos grados: el razonamiento de las matemáticas y la inteligencia de la dialéctica. Y conocer es en el fondo acordarse, porque el alma vio las Ideas antes de nacer: eso es la reminiscencia.

El ser humano queda dividido igual, en un alma inmortal y un cuerpo mortal que la ata a lo sensible y la estorba. El alma tiene tres partes —racional, irascible y concupiscible—, cuyo buen funcionamiento da tres virtudes: la sabiduría, el valor y la templanza. Del orden entre esas tres partes nace la justicia.

La política repite exactamente el mismo esquema. La ciudad justa tiene tres clases —gobernantes, guardianes y productores—, cada una con su tarea propia, y debe mandar quien conoce el Bien, es decir, el filósofo. Por eso la educación es la tarea política suprema: el largo ascenso desde las sombras de la caverna hasta la luz del Bien.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: el vitalismo del siglo XIX 3.1

El problema que plantea el texto lleva a una pregunta mayor: qué es la verdad. Para Platón la verdad es la adecuación de la razón a lo real, porque la razón se aparta de los sentidos y de sus engaños y alcanza aquello que de verdad existe, que son las Ideas, eternas y siempre iguales a sí mismas. Y esa adecuación se apoya en algo previo y más hondo. En Platón la verdad no es solo una cualidad de lo que decimos, sino también de lo que hay: unas cosas son más verdaderas que otras porque son más reales. Por eso puede afirmar que las Ideas tienen más verdad que las copias que percibimos, y por eso la línea separa sus secciones «en cuanto a su verdad y no verdad». De ahí sus tres rasgos: es una sola, vale para todos los hombres y no cambia nunca. Y no es una idea solo suya, sino que define a toda la filosofía griega clásica.

Frente a ella aparece en el siglo XIX el vitalismo, que rompe de arriba abajo el esquema entero. Para el vitalismo no existe ninguna realidad eterna esperando en algún sitio a ser encontrada, porque la realidad es vida, cambio, un fluir continuo que no se detiene nunca. Y la razón no es un espejo que refleje lo real, sino una herramienta que la vida se da a sí misma para orientarse. Así, la verdad deja de ser algo que se halla y pasa a ser una creación de la vida. Su representante más radical es, sin duda, Nietzsche.

El autor: Nietzsche 3.2

Nietzsche niega las dos piezas que sostienen esa adecuación, la realidad y la razón. Empieza por negar que existan dos mundos distintos: el de las Ideas sencillamente no está ahí, y lo real es el cambio continuo que muestran los sentidos, no lo eterno e inmóvil que promete la razón. Y niega después el papel de la razón, porque, lejos de encontrar la realidad, lo que hace es falsearla. Los sentidos no mienten nunca; la que miente es la razón, que congela el cambio en conceptos fijos e inmóviles como sustancia, identidad o ser. Por eso llama a las Ideas «momias conceptuales», y la imagen está muy bien elegida: algo que estaba vivo, secado y vendado para que dure siempre.

La verdad, entonces, ya no es adecuación alguna, sino una ficción útil que nació como un conjunto de errores que ayudaban a vivir y que acabaron pareciendo evidentes. De ahí que preguntar por la verdad sea en realidad preguntar otra cosa: qué clase de vida se expresa en ella. Y la vida que inventó el mundo verdadero es, según Nietzsche, una vida débil y cansada, incapaz de soportar el cambio, que se venga de él imaginando otro mundo mejor.

El choque alcanza también al alma, porque para Platón conocer es recordar lo que el alma inmortal vio antes de nacer, y la razón nos emparenta directamente con lo divino. Nietzsche le da la vuelta al asunto: venimos del cuerpo y de sus impulsos, y el alma separable no es más que la ficción que enseñó a despreciar la tierra. Frente a la subida platónica hacia el Bien, él propone la fidelidad a la tierra: decir que sí al cambio entero, incluso a lo más terrible que traiga. Por eso su filosofía puede definirse como un platonismo invertido, el mismo esquema platónico puesto exactamente del revés.