Departamento deFilosofía
Nietzsche · La gaya ciencia

30 · §110 · El origen del conocimiento

§ 110. El origen del conocimiento. – Durante lapsos tremendos, el intelecto no producía más que errores; algunos de ellos resultaban útiles y beneficiosos para la conservación de la especie: quien los encontraba, o los heredaba, contaba con ventajas en su lucha por sí mismo y su prole. Tales erróneos artículos de fe, que se transmitían de generación en generación y que finalmente llegaban a ser algo así como parte integrante del acervo humano, son por ejemplo los siguientes: que hay cosas perdurables, que hay cosas idénticas, que hay cosas, sustancias, cuerpos, que una cosa es tal como aparece, que nuestra voluntad es libre, que lo que para mí es bueno es bueno en sí. Solo en una etapa muy tardía surgieron los que negaron y pusieron en duda tales proposiciones. Solo muy tarde se presentó la verdad, como la forma más precaria del conocimiento. Parecía que con ella no fuera posible vivir, nuestro organismo estaba ajustado a lo contrario de ella: todas sus funciones superiores, las percepciones sensibles y, en un plano general, todas las sensaciones, de cualquier tipo, funcionaban con arreglo a esos antiquísimos y asimilados errores fundamentales. Aún más, esas proposiciones incluso dentro del conocimiento llegaron a ser las normas según las cuales se valoraba «verdadero» y «falso» – extendiendo su imperio hasta las esferas más apartadas de la lógica pura.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a La gaya ciencia, obra en la que Nietzsche critica a fondo la tradición metafísica y moral de Occidente y anuncia en ella la muerte de Dios.

Idea principal 1.1

La idea principal es que el conocimiento nació en su origen como un error útil. Durante muchísimo tiempo «el intelecto no producía más que errores», pero algunos de ellos «resultaban útiles y beneficiosos para la conservación de la especie» y por eso mismo se transmitieron. La verdad llegó «solo muy tarde», y cuando lo hizo fue «como la forma más precaria del conocimiento».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es qué valor tiene realmente la verdad. ¿Es la verdad el fin natural del pensamiento humano, o más bien una construcción al servicio de la vida? Lo que se plantea aquí es si las categorías con que pensamos reflejan de veras lo real o son solo ficciones seleccionadas por su utilidad. El problema es epistemológico con repercusiones ontológicas: empieza preguntando de dónde sale realmente todo nuestro conocimiento y acaba poniendo en duda que existan siquiera cosas como la sustancia, la identidad y la permanencia.

Comentario del texto 1.2

El texto propone una genealogía biológica del conocimiento, es decir, un relato de su origen hecho en términos de pura supervivencia. Los errores del intelecto sobrevivieron por una simple selección natural, porque quien los tenía contaba «con ventajas en su lucha por sí mismo y su prole». El vocabulario empleado por Nietzsche es claramente evolutivo: conservación de la especie, herencia, ventaja. Y la conclusión resulta bastante incómoda: las creencias no triunfan por ser verdaderas, sino solamente por ser útiles para vivir.

Viene después la lista de esos «erróneos artículos de fe», y conviene leerla muy despacio porque resulta demoledora. Incluye en ella la metafísica entera, con la sustancia, la identidad y la permanencia; el realismo ingenuo, que da por hecho que la cosa es tal y como aparece; la religión, con la voluntad libre; y también, cómo no, la moral, con el bien en sí. Toda la tradición platónico-cristiana queda descrita, de un solo plumazo, como un conjunto de errores con mucho éxito vital.

Frente a todos ellos, la verdad aparece siempre tarde y muy débil, porque solo en una etapa muy tardía «surgieron los que negaron y pusieron en duda tales proposiciones». Y además parecía del todo invivible, porque «nuestro organismo estaba ajustado a lo contrario de ella»: nuestros sentidos y nuestras sensaciones funcionan todavía según esos errores antiquísimos y ya del todo asimilados.

El final le da la vuelta por completo a todo. Esos errores acabaron siendo «las normas según las cuales se valoraba “verdadero” y “falso”», y su imperio llegó a extenderse incluso hasta la lógica más pura. Es decir: el criterio mismo de verdad está hecho de errores antiguos, de modo que no juzgamos los errores desde la verdad, sino más bien la «verdad» desde los errores ya asimilados. Queda planteado así, al final, el gran conflicto de todo el parágrafo: qué ocurre cuando la voluntad de verdad choca de frente con los errores que hacen posible la vida.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Nietzsche presenta el conocimiento como un conjunto de errores útiles, está aplicando su método característico, la genealogía. El texto muestra que el conocimiento no nace del amor a la verdad, sino de la vida misma: de errores que resultaron útiles, del miedo, de la necesidad de seguridad. La pregunta ya no es qué cosa es verdad, sino qué clase de vida se expresa en cada verdad y en cada valor.

Esa pregunta, llevada hasta el fondo, desmonta el edificio entero de la cultura occidental, porque la metafísica del ser, la moral y el Dios cristiano resultan ser síntomas de una vida débil y cansada. Frente a ellos, Nietzsche reivindica la vida, el cuerpo y este mundo de aquí, que es el único que hay. Conviene exponer ahora su filosofía en conjunto.

Síntesis de la filosofía de Nietzsche 2.2

La filosofía de Nietzsche es, ante todo, un vitalismo, lo que significa que el valor más alto es la vida misma y que toda idea, sin excepción, se juzga según la favorezca o la niegue.

Su diagnóstico de fondo es que Occidente se ha construido entero contra la vida. Platón inventó un «mundo verdadero», eterno, perfecto e inmutable, y rebajó este mundo de aquí, el del cuerpo y el cambio, a la condición de simple apariencia. El cristianismo extendió después ese esquema entre la gente corriente, y por eso Nietzsche lo llama «platonismo para el pueblo». La moral tradicional, además, nace según él del resentimiento de los débiles contra todo lo fuerte y vital.

La crítica alcanza también, y muy a fondo, al conocimiento. Las categorías de la razón —sustancia, causa, yo, ser— no son más que ficciones útiles que el lenguaje nos impone. Los sentidos no mienten, porque muestran el cambio tal como es; la que miente es la razón, que lo congela en conceptos fijos. No hay, por tanto, ninguna verdad absoluta: toda verdad es interpretación, un punto de vista al servicio de la vida.

El anuncio central es la muerte de Dios, es decir, la constatación de que la fe que sostenía la verdad, la moral y el sentido de la vida ha perdido toda su fuerza. La consecuencia inmediata es el nihilismo, que puede ser pasivo, si lleva a desesperar o a seguir viviendo de valores ya muertos, o activo, si se aprovecha como ocasión para crear valores nuevos.

De ahí sale su propuesta. El superhombre es aquel que crea sus propios valores, permanece siempre fiel a la tierra y dice sí a la vida entera, incluso a lo más terrible que traiga: esa es la actitud dionisíaca. La voluntad de poder es el fondo último de toda vida, el afán de crecer, de superarse y de crear. Y el eterno retorno viene a ser la prueba definitiva de esa afirmación: vivir de tal modo que uno quiera que su vida se repita eternamente.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: la filosofía griega clásica 3.1

El problema que plantea el texto es, en el fondo, una tesis muy concreta sobre la verdad: no existe ninguna verdad absoluta y eterna, y lo que llamamos verdad no es más que una construcción al servicio de la vida. Al negarla, Nietzsche rechaza de raíz la concepción que fundó Occidente, la verdad entendida como la adecuación de la razón a lo real.

Esa concepción pertenece a la filosofía griega clásica, la corriente que, de Parménides a Aristóteles, sostiene que hay una realidad estable, universal y siempre idéntica y que la razón, apartándose de los sentidos, puede llegar a conocerla tal como es en sí misma. La verdad resulta así una, eterna e inmutable, y de ella depende también, en último término, el bien. Esta corriente es precisamente el gran adversario de todo el texto, y su representante máximo es, sin duda, Platón.

El autor: Platón 3.2

Platón sostiene, frente a él, punto por punto, exactamente lo que el texto destruye, porque para él los dos términos de esa adecuación son firmes y seguros. Hay una realidad verdadera, el mundo inteligible de las Ideas, eternas, inmutables y siempre iguales, del que todo lo que percibimos no es más que una copia; y su axioma es justamente el que Nietzsche cita para demolerlo: «lo que es no deviene; lo que deviene no es». Y hay además una razón capaz de alcanzarla, porque el alma, apartándose de los sentidos, que solo dan opinión o doxa, asciende poco a poco mediante la dialéctica hasta las Ideas y hasta su fundamento último, la Idea del Bien, causa a la vez del ser y de la verdad.

La verdad es, pues, exactamente lo que Nietzsche niega: la adecuación de la razón a lo real, y no un invento de la vida. Es más, y esto es decisivo, la relación entre ambas se invierte por completo, porque para Platón la verdad no depende de la vida, sino que la vida buena depende de la verdad: quien conoce el Bien vive necesariamente bien, y por tanto el saber funda el valor.

Y ese fundamento absoluto es precisamente lo que muere con la muerte de Dios. El Bien platónico, situado «más allá de la esencia», es el primer sol de toda la cultura occidental, de modo que cuando el hombre loco pregunta qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol, el sol que se ha apagado es el de Platón. Por eso Nietzsche llama al cristianismo «platonismo para el pueblo» y se presenta a sí mismo, sin ninguna modestia, como el anti-Platón.

La confrontación es total y no admite término medio: verdad hallada o verdad creada; ser o devenir; el alma contra el cuerpo o el cuerpo como gran razón; ascenso al Bien o fidelidad a la tierra.