Departamento deFilosofía
Nietzsche · La gaya ciencia

34 · §343 · Cómo está nuestra alegría

§ 343. Cómo está nuestra alegría. El más grande de los acontecimientos recientes —que «Dios ha muerto», que la creencia en el Dios cristiano se ha desacreditado— empieza ya a proyectar sus primeras sombras sobre Europa. A los pocos, por lo menos, cuya mirada, cuya suspicacia en la mirada, es lo suficientemente aguda y sutil para este espectáculo, les parece que se hubiera puesto algún sol, que alguna inveterada y profunda confianza se hubiera trocado en duda: nuestro viejo mundo se le aparece forzosamente cada día más vespertino, más receloso, más extraño, «más viejo». Pero se puede decir en general: que el acontecimiento mismo es demasiado grande, demasiado remoto, demasiado apartado de la capacidad de comprensión de los muchos como para que pueda decirse que la noticia de ello ya ha llegado; y menos aún que muchos sepan lo que en efecto resultará de ello —y cuántas cosas, una vez socavada esa fe, tendrán que desmoronarse por estar fundamentadas sobre ella, adosadas a ella, trabadas con ella: por ejemplo, toda nuestra moral europea.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a La gaya ciencia, obra en la que Nietzsche critica a fondo la tradición metafísica y moral de Occidente y anuncia en ella la muerte de Dios.

Idea principal 1.1

La idea principal ocupa ya la primera línea, donde se afirma que el mayor acontecimiento de los últimos tiempos, «que la creencia en el Dios cristiano se ha desacreditado», empieza «a proyectar sus primeras sombras sobre Europa». Muy pocos lo entienden todavía en Europa. Y junto con esa fe acabará cayendo mucho más: «por ejemplo, toda nuestra moral europea».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es hasta qué punto una civilización entera depende de sus propios fundamentos. Cuando muere la creencia que la sostenía, ¿qué es lo que queda en pie de su moral y de su cultura? ¿Pueden los valores sobrevivir por sí solos a la fe que los engendró? El problema es ontológico con derivas epistemológicas: se pregunta si unos valores conservan todavía su fundamento cuando desaparece la creencia que se lo daba, y si sabemos advertirlo a tiempo.

Comentario del texto 1.2

El texto precisa por fin qué significa exactamente la muerte de Dios, y conviene fijarse bien porque no se trata de una tesis metafísica, sino más bien de un hecho cultural: «la creencia en el Dios cristiano se ha desacreditado». Lo que verdaderamente ha muerto es la fe, o más bien su fuerza para seguir vinculando la vida europea. La metáfora del sol lo expresa muy bien, porque parece «que se hubiera puesto algún sol» y que una «inveterada y profunda confianza» se hubiera vuelto de pronto duda. Así, el viejo mundo se nos aparece cada día «más vespertino, más receloso, más extraño, “más viejo”».

Se señala después la incomprensión general del hecho. El acontecimiento en sí resulta «demasiado grande, demasiado remoto» para la capacidad de comprensión de la inmensa mayoría, hasta el punto de que ni siquiera puede decirse que la noticia haya llegado ya. Igual que ocurría en la parábola del loco, el hecho va muy por delante de su percepción, y la mayoría sigue viviendo tranquilamente de valores cuyo fundamento ya no existe.

Lo decisivo llega ahora, con lo que podríamos llamar aquí la lógica de la demolición. Muchas otras cosas «tendrán que desmoronarse» por estar «fundamentadas sobre ella, adosadas a ella, trabadas con ella». ¿Y cuál es el ejemplo que pone? «Toda nuestra moral europea.» Esa es justamente la tesis fuerte del texto: nuestra moral —la compasión, la igualdad, la dignidad, la culpa— no es más que cristianismo secularizado, de modo que sin Dios pierde toda su base, por más que los modernos crean poder conservarla sin la fe.

Nietzsche se presenta aquí como el gran profeta del nihilismo. Y conviene subrayar que él no lo desea en absoluto, sino que se limita a anunciarlo por adelantado. Queda pendiente todavía una última pregunta, que responderá el fragmento siguiente: cómo viven realmente este ocaso los espíritus libres.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Nietzsche advierte que con la fe cristiana se hundirá también «toda nuestra moral europea», está anunciando el acontecimiento central de su filosofía. El texto muestra sus dos caras. Por un lado, la fe que sostenía a Occidente ha perdido su fuerza, y con ella se tambalean la verdad, la moral y el sentido de la vida: eso es exactamente el nihilismo. Por otro lado, se abre lo que él llama el mar abierto, es decir, la posibilidad de crear valores nuevos.

Conviene advertir además, y es decisivo, que «Dios» no significa aquí solo el Dios cristiano, sino todo el mundo suprasensible inventado desde Platón: las Ideas, la verdad eterna, el bien en sí, el más allá. La muerte de Dios es el final de esa larga historia, que Nietzsche diagnostica como médico y quiere invertir. Veamos ahora su filosofía en conjunto.

Síntesis de la filosofía de Nietzsche 2.2

La filosofía de Nietzsche es, ante todo, un vitalismo, lo que significa que el valor más alto es la vida misma y que toda idea, sin excepción, se juzga según la favorezca o la niegue.

Su diagnóstico de fondo es que Occidente se ha construido entero contra la vida. Platón inventó un «mundo verdadero», eterno, perfecto e inmutable, y rebajó este mundo de aquí, el del cuerpo y el cambio, a la condición de simple apariencia. El cristianismo extendió después ese esquema entre la gente corriente, y por eso Nietzsche lo llama «platonismo para el pueblo». La moral tradicional, además, nace según él del resentimiento de los débiles contra todo lo fuerte y vital.

La crítica alcanza también, y muy a fondo, al conocimiento. Las categorías de la razón —sustancia, causa, yo, ser— no son más que ficciones útiles que el lenguaje nos impone. Los sentidos no mienten, porque muestran el cambio tal como es; la que miente es la razón, que lo congela en conceptos fijos. No hay, por tanto, ninguna verdad absoluta: toda verdad es interpretación, un punto de vista al servicio de la vida.

El anuncio central es la muerte de Dios, es decir, la constatación de que la fe que sostenía la verdad, la moral y el sentido de la vida ha perdido toda su fuerza. La consecuencia inmediata es el nihilismo, que puede ser pasivo, si lleva a desesperar o a seguir viviendo de valores ya muertos, o activo, si se aprovecha como ocasión para crear valores nuevos.

De ahí sale su propuesta. El superhombre es aquel que crea sus propios valores, permanece siempre fiel a la tierra y dice sí a la vida entera, incluso a lo más terrible que traiga: esa es la actitud dionisíaca. La voluntad de poder es el fondo último de toda vida, el afán de crecer, de superarse y de crear. Y el eterno retorno viene a ser la prueba definitiva de esa afirmación: vivir de tal modo que uno quiera que su vida se repita eternamente.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: la filosofía griega clásica 3.1

El problema que plantea el texto es, en el fondo, una tesis muy concreta sobre la verdad: no existe ninguna verdad absoluta y eterna, y lo que llamamos verdad no es más que una construcción al servicio de la vida. Al negarla, Nietzsche rechaza de raíz la concepción que fundó Occidente, la verdad entendida como la adecuación de la razón a lo real.

Esa concepción pertenece a la filosofía griega clásica, la corriente que, de Parménides a Aristóteles, sostiene que hay una realidad estable, universal y siempre idéntica y que la razón, apartándose de los sentidos, puede llegar a conocerla tal como es en sí misma. La verdad resulta así una, eterna e inmutable, y de ella depende también, en último término, el bien. Esta corriente es precisamente el gran adversario de todo el texto, y su representante máximo es, sin duda, Platón.

El autor: Platón 3.2

Platón sostiene, frente a él, punto por punto, exactamente lo que el texto destruye, porque para él los dos términos de esa adecuación son firmes y seguros. Hay una realidad verdadera, el mundo inteligible de las Ideas, eternas, inmutables y siempre iguales, del que todo lo que percibimos no es más que una copia; y su axioma es justamente el que Nietzsche cita para demolerlo: «lo que es no deviene; lo que deviene no es». Y hay además una razón capaz de alcanzarla, porque el alma, apartándose de los sentidos, que solo dan opinión o doxa, asciende poco a poco mediante la dialéctica hasta las Ideas y hasta su fundamento último, la Idea del Bien, causa a la vez del ser y de la verdad.

La verdad es, pues, exactamente lo que Nietzsche niega: la adecuación de la razón a lo real, y no un invento de la vida. Es más, y esto es decisivo, la relación entre ambas se invierte por completo, porque para Platón la verdad no depende de la vida, sino que la vida buena depende de la verdad: quien conoce el Bien vive necesariamente bien, y por tanto el saber funda el valor.

Y ese fundamento absoluto es precisamente lo que muere con la muerte de Dios. El Bien platónico, situado «más allá de la esencia», es el primer sol de toda la cultura occidental, de modo que cuando el hombre loco pregunta qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol, el sol que se ha apagado es el de Platón. Por eso Nietzsche llama al cristianismo «platonismo para el pueblo» y se presenta a sí mismo, sin ninguna modestia, como el anti-Platón.

La confrontación es total y no admite término medio: verdad hallada o verdad creada; ser o devenir; el alma contra el cuerpo o el cuerpo como gran razón; ascenso al Bien o fidelidad a la tierra.