Departamento deFilosofía
Nietzsche · La gaya ciencia

36 · §355 · El concepto de conocimiento

§ 355. El origen de nuestro concepto de «conocimiento». — Tomo esta explicación de la calle; oí a alguien del pueblo decir que «él me ha conocido»—: entonces me pregunté: ¿qué entiende el pueblo, en definitiva, por conocimiento? ¿qué quiere cuando quiere «conocimiento»? Nada más que esto: algo desconocido debe ser reducido a algo conocido. Y los filósofos — ¿hemos entendido, en rigor, más por el conocimiento? Lo conocido, quiere decir: aquello a que estamos acostumbrados, así que ya no nos sorprendemos de eso, nuestra rutina diaria, alguna regla a la que estamos atados, todo aquello con que nos sentimos familiarizados —¿cómo?, ¿no es nuestra necesidad de conocimiento precisamente esta necesidad de lo conocido, la voluntad de descubrir en medio de todo lo extraño, lo insólito y problemático algo que ya no nos inquiete? ¿No será el instinto del miedo lo que nos impulsa al conocimiento? ¿No será la exultación del cognoscente la exultación de la sensación de la seguridad recuperada?… Tal filósofo creía «conocido» el mundo al haberlo reducido a la «idea»: ay, ¿no sería porque la «idea» le era tan conocida, tan familiar?, ¿porque la idea ya no le daba tanto miedo?

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a La gaya ciencia, obra en la que Nietzsche critica a fondo la tradición metafísica y moral de Occidente y anuncia en ella la muerte de Dios.

Idea principal 1.1

La idea principal del texto es que conocer significa siempre, tanto para el pueblo llano como para los filósofos, «que algo desconocido debe ser reducido a algo conocido», es decir, a lo que ya resulta habitual y familiar. Y el motor último de toda esa reducción no es el amor a la verdad, sino más bien el miedo: «¿No será el instinto del miedo lo que nos impulsa al conocimiento?».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es qué es realmente eso que llamamos conocer. ¿Buscamos de verdad la verdad, o buscamos más bien solo tranquilidad? Porque si conocer consiste solamente en hacer familiar lo extraño, quizá la ciencia y la filosofía no lleguen nunca a descubrir lo real, sino que se limiten a domesticarlo para calmar así nuestra inseguridad. El problema es estrictamente epistemológico: no se discute qué existe, sino qué es lo que hacemos realmente cuando decimos que conocemos algo.

Comentario del texto 1.2

El texto empieza de una manera muy característica, tomando su explicación directamente «de la calle», del habla común. Alguien del pueblo dice de otro que «le ha conocido», y Nietzsche se pregunta enseguida qué entiende la gente corriente por conocimiento. La respuesta que da es muy escueta: «Nada más que esto: algo desconocido debe ser reducido a algo conocido». Y enseguida viene la pregunta más incómoda de todas: ¿han entendido los filósofos algo más por conocimiento? La respuesta implícita es que no: conocer consiste sin más en reconocer, es decir, en reducir lo nuevo a lo que ya sabíamos de antes.

Se define después con cuidado qué es exactamente lo «conocido», y aquí está la clave de todo, porque no es lo comprendido, sino simplemente lo habitual: «aquello a que estamos acostumbrados, así que ya no nos sorprendemos de eso, nuestra rutina diaria..., todo aquello con que nos sentimos familiarizados». De ahí sale una nueva descripción de nuestra necesidad de conocimiento, que no sería más que la voluntad de encontrar, en medio de lo extraño y de lo problemático, «algo que ya no nos inquiete».

Llega entonces por fin la gran tesis genealógica, formulada además como pregunta: «¿No será el instinto del miedo lo que nos impulsa al conocimiento?». ¿Y no será acaso la alegría del que conoce «la exultación de la sensación de la seguridad recuperada»? Dicho de otro modo, conocemos sobre todo para dejar de tener miedo, y el placer de conocer no es más que puro alivio.

La estocada final apunta directamente a la cumbre misma de la filosofía, porque, como dice literalmente el texto, «Tal filósofo creía “conocido” el mundo al haberlo reducido a la “idea”». ¿Y por qué razón precisamente a la idea? «¿No sería porque la “idea” le era tan conocida, tan familiar?, ¿porque la idea ya no le daba tanto miedo?» La alusión alcanza así a todo el idealismo, de Platón hasta Hegel: reducir el mundo a idea no es penetrarlo de veras, sino refugiarse en lo más familiar que uno tiene, que es su propio pensamiento.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Nietzsche pregunta si no será el miedo lo que nos impulsa al conocimiento, está aplicando su método característico, la genealogía. El texto muestra que el conocimiento no nace del amor a la verdad, sino de la vida misma: de errores que resultaron útiles, del miedo, de la necesidad de seguridad. La pregunta ya no es qué cosa es verdad, sino qué clase de vida se expresa en cada verdad y en cada valor.

Esa pregunta, llevada hasta el fondo, desmonta el edificio entero de la cultura occidental, porque la metafísica del ser, la moral y el Dios cristiano resultan ser síntomas de una vida débil y cansada. Frente a ellos, Nietzsche reivindica la vida, el cuerpo y este mundo de aquí, que es el único que hay. Conviene exponer ahora su filosofía en conjunto.

Síntesis de la filosofía de Nietzsche 2.2

La filosofía de Nietzsche es, ante todo, un vitalismo, lo que significa que el valor más alto es la vida misma y que toda idea, sin excepción, se juzga según la favorezca o la niegue.

Su diagnóstico de fondo es que Occidente se ha construido entero contra la vida. Platón inventó un «mundo verdadero», eterno, perfecto e inmutable, y rebajó este mundo de aquí, el del cuerpo y el cambio, a la condición de simple apariencia. El cristianismo extendió después ese esquema entre la gente corriente, y por eso Nietzsche lo llama «platonismo para el pueblo». La moral tradicional, además, nace según él del resentimiento de los débiles contra todo lo fuerte y vital.

La crítica alcanza también, y muy a fondo, al conocimiento. Las categorías de la razón —sustancia, causa, yo, ser— no son más que ficciones útiles que el lenguaje nos impone. Los sentidos no mienten, porque muestran el cambio tal como es; la que miente es la razón, que lo congela en conceptos fijos. No hay, por tanto, ninguna verdad absoluta: toda verdad es interpretación, un punto de vista al servicio de la vida.

El anuncio central es la muerte de Dios, es decir, la constatación de que la fe que sostenía la verdad, la moral y el sentido de la vida ha perdido toda su fuerza. La consecuencia inmediata es el nihilismo, que puede ser pasivo, si lleva a desesperar o a seguir viviendo de valores ya muertos, o activo, si se aprovecha como ocasión para crear valores nuevos.

De ahí sale su propuesta. El superhombre es aquel que crea sus propios valores, permanece siempre fiel a la tierra y dice sí a la vida entera, incluso a lo más terrible que traiga: esa es la actitud dionisíaca. La voluntad de poder es el fondo último de toda vida, el afán de crecer, de superarse y de crear. Y el eterno retorno viene a ser la prueba definitiva de esa afirmación: vivir de tal modo que uno quiera que su vida se repita eternamente.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: la filosofía griega clásica 3.1

El problema que plantea el texto es, en el fondo, una tesis muy concreta sobre la verdad: no existe ninguna verdad absoluta y eterna, y lo que llamamos verdad no es más que una construcción al servicio de la vida. Al negarla, Nietzsche rechaza de raíz la concepción que fundó Occidente, la verdad entendida como la adecuación de la razón a lo real.

Esa concepción pertenece a la filosofía griega clásica, la corriente que, de Parménides a Aristóteles, sostiene que hay una realidad estable, universal y siempre idéntica y que la razón, apartándose de los sentidos, puede llegar a conocerla tal como es en sí misma. La verdad resulta así una, eterna e inmutable, y de ella depende también, en último término, el bien. Esta corriente es precisamente el gran adversario de todo el texto, y su representante máximo es, sin duda, Platón.

El autor: Platón 3.2

Platón sostiene, frente a él, punto por punto, exactamente lo que el texto destruye, porque para él los dos términos de esa adecuación son firmes y seguros. Hay una realidad verdadera, el mundo inteligible de las Ideas, eternas, inmutables y siempre iguales, del que todo lo que percibimos no es más que una copia; y su axioma es justamente el que Nietzsche cita para demolerlo: «lo que es no deviene; lo que deviene no es». Y hay además una razón capaz de alcanzarla, porque el alma, apartándose de los sentidos, que solo dan opinión o doxa, asciende poco a poco mediante la dialéctica hasta las Ideas y hasta su fundamento último, la Idea del Bien, causa a la vez del ser y de la verdad.

La verdad es, pues, exactamente lo que Nietzsche niega: la adecuación de la razón a lo real, y no un invento de la vida. Es más, y esto es decisivo, la relación entre ambas se invierte por completo, porque para Platón la verdad no depende de la vida, sino que la vida buena depende de la verdad: quien conoce el Bien vive necesariamente bien, y por tanto el saber funda el valor.

Y ese fundamento absoluto es precisamente lo que muere con la muerte de Dios. El Bien platónico, situado «más allá de la esencia», es el primer sol de toda la cultura occidental, de modo que cuando el hombre loco pregunta qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol, el sol que se ha apagado es el de Platón. Por eso Nietzsche llama al cristianismo «platonismo para el pueblo» y se presenta a sí mismo, sin ninguna modestia, como el anti-Platón.

La confrontación es total y no admite término medio: verdad hallada o verdad creada; ser o devenir; el alma contra el cuerpo o el cuerpo como gran razón; ascenso al Bien o fidelidad a la tierra.