La filosofía de Platón
427 – 347 a. C. · una visión de conjunto
La filosofía de Platón nace de un miedo y una esperanza. El miedo: que no exista ninguna verdad firme. La esperanza: que sí exista, y que podamos alcanzarla. De esa apuesta sale un sistema entero. Recorrámoslo por partes.
- De dónde parte. Los sofistas y la muerte de Sócrates.
- Los dos mundos. El sensible y el inteligible.
- Las Ideas. Realidades perfectas de las que las cosas son copia.
- La Idea del Bien. El sol del mundo inteligible.
- Los grados del saber. De la opinión a la ciencia.
- Conocer es recordar. La reminiscencia.
- El alma. Inmortal y con tres partes.
- Virtud y justicia. El orden del alma.
- La ciudad justa. Tres clases y el filósofo que gobierna.
- Educación y caverna. El ascenso hacia el Bien.
1 · De dónde parte
Platón no filosofa en el vacío. Le marcan dos experiencias.
La primera son los sofistas. Enseñaban a ganar cualquier discusión. Para ellos no había verdad, solo opiniones y persuasión. Lo justo era lo que decidía el más hábil o el más fuerte.
La segunda es la muerte de Sócrates, su maestro. Atenas lo condenó por buscar la verdad y hacer preguntas incómodas. Para Platón fue un golpe: la ciudad había matado al hombre más justo.
De ahí saca una conclusión. Si no hay un saber firme, no hay ciencia ni justicia. Todo queda a merced de quien grite más. Por eso dedica su vida a buscar ese saber firme. Sobre él quiere fundar el conocimiento, la moral y la política.
2 · Los dos mundos
Su respuesta arranca de una idea sencilla y potente: la realidad no es una, sino dos.
Está el mundo sensible. Es el que vemos, tocamos y oímos. Es material. Cambia sin parar. Todo en él nace, se estropea y muere. Es imperfecto.
Y está el mundo inteligible. No se ve con los ojos, sino con la mente. En él viven las Ideas: realidades perfectas, eternas e inmutables.
Un ejemplo. En un triángulo dibujado, los lados nunca son perfectamente rectos. Pero el triángulo del que habla el matemático sí es perfecto. Ese triángulo perfecto no está en el papel: está en el mundo de las Ideas. El del papel es solo una copia torpe.
3 · Las Ideas
¿Qué es exactamente una Idea? No es un pensamiento que tú tienes. Es una realidad que existe por sí misma, fuera de tu mente.
Hay muchas cosas bellas: un rostro, una melodía, un paisaje. Todas cambian y se marchitan. Pero lo Bello en sí no cambia nunca. Igual pasa con la Justicia en sí, o con la Igualdad en sí.
¿Y qué relación hay entre las cosas y las Ideas? Las cosas participan de las Ideas. Una acción es justa porque participa de la Justicia. Una cosa es bella porque participa de la Belleza. La Idea es el original; la cosa, la copia.
Por eso las Ideas explican dos cosas a la vez. Explican qué son las cosas (su modelo) y por qué las reconocemos (miramos la copia y recordamos el original).
4 · La Idea del Bien
Las Ideas forman un mundo ordenado. Y en la cumbre hay una que reina sobre todas: la Idea del Bien.
El Bien no es una Idea más. Es la que da ser y verdad a las demás. Sin ella, ningún saber vale de veras.
Platón lo explica con una imagen. El Bien es como el sol. El sol no solo nos deja ver las cosas: también las hace crecer y vivir. Igual el Bien: hace que las Ideas sean y que nosotros podamos conocerlas.
Por eso conocer el Bien es, para Platón, el estudio supremo. Lo más importante y, a la vez, lo más difícil. Quien lo alcanza sabe de verdad qué es lo justo y lo bueno. Y solo ese debería gobernar.
5 · Los grados del saber
A dos mundos corresponden dos saberes. Y dentro de cada uno hay grados.
Del mundo sensible solo cabe opinión (doxa). Es un saber inseguro. Se apoya en los sentidos, que hoy dicen una cosa y mañana otra. Primero están las meras imágenes y sombras; luego, las cosas físicas.
Del mundo inteligible hay ciencia (episteme). Es un saber firme. También sube por grados. Primero, el pensamiento de las matemáticas, que razona con figuras y números. Después, la dialéctica, que asciende de Idea en Idea hasta el Bien.
Platón lo ordena en la imagen de la línea dividida: una línea partida en cuatro tramos, de las sombras al Bien. Cuanto más subes, más real es lo que conoces y más seguro es tu saber.
6 · Conocer es recordar
Aquí aparece una idea sorprendente. Aprender no es meter algo nuevo en la cabeza. Es acordarse de algo que ya sabíamos.
El razonamiento es este. Vemos cosas imperfectas y, aun así, sabemos qué sería lo perfecto. Nadie nos lo ha enseñado con los sentidos. Entonces, ¿de dónde lo sacamos? De antes de nacer.
El alma, antes de unirse al cuerpo, contempló las Ideas. Al nacer, lo olvidó. Aprender es recordar aquello. A esto lo llama reminiscencia.
Un ejemplo clásico: un esclavo sin estudios resuelve un problema de geometría solo con preguntas bien hechas. No se lo enseñan: lo saca de dentro. Para Platón, es la prueba de que el saber ya estaba ahí, dormido.
7 · El alma
Si el alma existía antes del cuerpo, entonces el hombre también es doble.
Somos un alma inmortal unida a un cuerpo mortal. El cuerpo tira hacia lo sensible: el placer, el hambre, el miedo. El alma tira hacia lo inteligible: la verdad y el bien. El cuerpo es casi una cárcel para el alma.
Pero el alma no es simple. Tiene tres partes. La racional, que piensa y busca la verdad. La irascible, la del valor, el ánimo y la voluntad. Y la concupiscible, la de los deseos y apetitos.
Platón lo compara con un carro. La razón es el auriga. Las otras dos partes son dos caballos: uno noble (el ánimo) y otro rebelde (los deseos). Ir bien es que el auriga controle a los dos.
8 · Virtud y justicia
De las tres partes del alma salen las virtudes.
Cuando la razón manda bien, hay sabiduría. Cuando el ánimo obedece a la razón, hay valor. Cuando los deseos se dejan gobernar, hay templanza.
¿Y la justicia? La justicia es el orden del conjunto: que cada parte haga lo suyo y ninguna invada a las demás. Un alma justa es un alma bien ordenada, con la razón al mando.
Así, ser justo no es un adorno. Es estar sano por dentro. La injusticia, en cambio, es un desorden: los deseos mandando sobre la razón.
9 · La ciudad justa
La gran idea política de Platón es esta: la ciudad es el alma en grande.
Repite el mismo esquema de tres. Hay tres clases. Los gobernantes, que piensan, como la razón. Los guardianes, que defienden, como el ánimo. Y los productores (campesinos, artesanos, comerciantes), que sostienen la vida material, como los deseos.
La ciudad es justa cuando cada clase hace su tarea y no se mete en la de las otras. El desastre llega cuando manda quien no debe.
¿Y quién debe mandar? No el más rico ni el más votado, sino el que sabe: el filósofo, que conoce el Bien. Es la famosa tesis del rey-filósofo. Y no se busca su beneficio, sino el de toda la ciudad.
10 · Educación y caverna
Si debe gobernar quien sabe, la gran tarea política es la educación. Formar personas capaces de ver el Bien.
Todo su sistema cabe en una imagen: el mito de la caverna. Unos presos viven encadenados en el fondo de una cueva. Solo ven sombras proyectadas en la pared. Creen que esas sombras son la realidad.
Uno se libera y sale fuera. Al principio la luz lo ciega y le duele. Poco a poco distingue las cosas, luego el reflejo del sol y, al final, el sol mismo.
Las sombras son el mundo sensible. El sol es la Idea del Bien. Salir de la cueva es aprender. Volver a ella, para liberar a los demás, es la tarea del filósofo, aunque los de dentro no quieran escucharle.
Ahí se juntan sus tres grandes temas. Conocer, para salir de las sombras. Ordenar el alma, para no ser esclavo de los deseos. Y gobernar con justicia, para que la ciudad entera pueda ascender hacia la luz.
Volver a la ficha de Platón