Departamento de Filosofía
Descartes · Meditaciones metafísicas II

28 · Los atributos del pensar

¿Qué soy, entonces? Una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa? Es una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente. Sin duda no es poco, si todo eso pertenece a mi naturaleza. ¿Por qué no habría de pertenecerle? ¿Acaso no soy yo el mismo que duda casi de todo, que entiende, sin embargo, ciertas cosas, que afirma ser ésas solas las verdaderas, que niega todas las demás, que quiere conocer otras, que no quiere ser engañado, que imagina muchas cosas —aun contra su voluntad— y que siente también otras muchas, por mediación de los órganos de su cuerpo? ¿Hay algo de esto que no sea tan verdadero como es cierto que soy, que existo, aun en el caso de que estuviera siempre dormido, y de que quien me ha dado el ser empleara todas sus fuerzas en burlarme? ¿Hay alguno de esos atributos que pueda distinguirse de mi pensamiento, o que pueda estimarse separado de sí mismo? Pues es de suyo tan evidente que soy yo quien duda, entiende y desea, que no hace falta añadir aquí nada para explicarlo.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Nos encontramos ante un texto de las Meditaciones metafísicas, obra en la que Descartes busca fundamentar con certeza el conocimiento a partir de la duda metódica.

Idea principal 1.1

La idea principal es la definición de la cosa pensante: «una cosa que duda, que entiende, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere, que imagina también, y que siente». Todos estos actos son inseparables del yo: «es de suyo tan evidente que soy yo quien duda, entiende y desea, que no hace falta añadir aquí nada para explicarlo».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema filosófico de fondo es la naturaleza y unidad de la conciencia. ¿Qué abarca el pensamiento? ¿Cómo pueden actos tan distintos —dudar, querer, imaginar, sentir— pertenecer a un único sujeto?

Comentario del texto 1.2

El texto se pregunta: «¿Qué soy, entonces? Una cosa que piensa. Y ¿qué es una cosa que piensa?». La respuesta es una lista: dudar, entender, afirmar, negar, querer, no querer, imaginar, sentir. Esto amplía mucho el sentido de «pensar». Para Descartes, pensar no es solo razonar. Incluye los actos del entendimiento, los juicios, la voluntad, la imaginación y la sensación. Pensar es, en general, ser consciente. Todo lo que pasa «en mí», en cuanto me doy cuenta de ello, es pensamiento.

Lejos de empobrecer al yo, esta definición lo enriquece: «sin duda no es poco, si todo eso pertenece a mi naturaleza». Y la comprobación es curiosa. «¿Acaso no soy yo el mismo que duda casi de todo, que entiende, sin embargo, ciertas cosas..., que quiere conocer otras, que no quiere ser engañado, que imagina muchas cosas —aun contra su voluntad— y que siente...?» La lista describe exactamente lo que el meditador acaba de hacer en las Meditaciones. Dudó de todo. Entendió el cogito. No quiso ser engañado. El yo se define por su propia actividad.

Además, todos estos actos son indudables. ¿Hay algo de esto menos cierto que mi existencia, «aun en el caso de que estuviera siempre dormido» y de que mi creador «empleara todas sus fuerzas en burlarme»? No. Ni el sueño ni el genio maligno alcanzan a los actos de conciencia como tales. Puedo dudar de lo que imagino. No puedo dudar de que imagino. Y ninguno de esos atributos «puede distinguirse de mi pensamiento». Todos son modos de una única sustancia pensante. El texto establece así la unidad de la conciencia, pieza central de la filosofía moderna del sujeto.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Descartes define la cosa pensante por sus actos, está fundando la filosofía moderna. El texto nos ha mostrado qué es ese yo cuya existencia resiste toda duda: no un cuerpo, sino conciencia —dudar, entender, querer, imaginar, sentir—. La certeza de mi existencia dura lo que dura mi pensamiento.

El hallazgo cambia el punto de partida del saber: ya no es el mundo, sino el sujeto. Desde el yo habrá que recuperar a Dios y a las cosas. Y de la distinción entre pensamiento y cuerpo nacerá el dualismo cartesiano. Conviene exponer ahora el sistema completo.

Síntesis de la filosofía de Descartes 2.2

La filosofía de Descartes inaugura el racionalismo moderno. Ante el desprestigio de la escolástica y el éxito de la nueva ciencia, busca en la razón un saber tan firme como el de las matemáticas.

De ellas toma su método: evidencia (aceptar solo lo claro y distinto), análisis, síntesis y enumeración. Aplicado con radicalidad, el método se convierte en duda metódica: dudar de todo lo que admita el menor motivo de duda. Los sentidos engañan a veces. El sueño se confunde con la vigilia. Y un genio maligno podría engañarnos hasta en las matemáticas.

De esa duda universal se salva una certeza: «pienso, luego existo». El cogito es la primera verdad del sistema y el modelo de todas: se capta con claridad y distinción. El yo queda definido como sustancia pensante (res cogitans): su esencia es la conciencia, no el cuerpo.

Desde el yo se reconstruye lo demás. Entre mis ideas hay una que no puedo haber fabricado: la de un ser infinito y perfecto. Siendo yo finito, su causa solo puede ser Dios. Y Dios, por ser perfecto, no engaña: su veracidad garantiza el mundo exterior y el buen uso de la razón. El error nace de la voluntad, que juzga más allá de lo que el entendimiento ve claro.

El sistema queda en tres sustancias: Dios, sustancia infinita; el alma, sustancia pensante; y los cuerpos, sustancia extensa, regida por leyes mecánicas. En el hombre se unen las dos sustancias finitas: es el dualismo cartesiano, con su gran problema —la comunicación entre alma y cuerpo—, que Descartes intentó resolver, sin éxito, con la glándula pineal.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: las filosofías de la vida del siglo XX 3.1

El problema planteado en el texto descansa sobre una concepción de la razón. Para Descartes, la razón es una facultad única, igual en todos los hombres y en todas las épocas: una razón pura, intemporal, que con el método adecuado alcanza verdades absolutas. Es la fe del racionalismo moderno. Frente a ella, en el siglo XX se desarrollan las filosofías de la vida. Su tesis es que esa razón pura no existe: la razón nace de la vida, funciona dentro de una vida y sirve a una vida. Pensamos siempre desde una situación, una época y una biografía. No hay conocimiento sin punto de vista, y la pretensión de un saber válido para todos los tiempos es una ficción. En España, esta corriente culmina en el raciovitalismo de Ortega y Gasset.

El autor: Ortega y Gasset 3.2

Ortega confronta directamente la razón cartesiana. Descartes exige un sujeto que sea «un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y mañana»: solo así la evidencia vale siempre e igual para todos. Ortega responde que ese sujeto es imposible: «vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia». El racionalismo, «para salvar la verdad, renuncia a la vida», y su sujeto puro resulta un «espectro irreal» que conoce pero no vive.

La incapacidad se comprueba en la historia. Si la razón es una e idéntica, ¿por qué la humanidad ha vivido «milenariamente» en el error y el desacuerdo? Descartes solo puede responder moralizando: erramos porque la voluntad desborda al entendimiento, «ésta es la causa de que me equivoque y peque». La historia queda en «un lugar de castigo»: el racionalismo es antihistórico.

Frente a la razón pura, Ortega propone otra concepción: la razón vital. La razón no es un tribunal fuera del tiempo, sino un instrumento que la vida se da para orientarse. El sujeto no es transparente ni deformador: es un cedazo que selecciona, y cada vida, cada pueblo y cada época captan su porción real de verdad. «La sola perspectiva falsa es ésa que pretende ser la única»: justo la que el método cartesiano exige. Donde Descartes buscaba la certeza desde ningún lugar, Ortega busca la verdad articulando todos los puntos de vista. La razón pura «tiene que ser sustituida por una razón vital», localizada, histórica y móvil.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.