Departamento deFilosofía
Nietzsche · La gaya ciencia

33 · §125 · «Dios ha muerto»

§ 125. El hombre loco. […] — ¿Cómo podemos consolarnos, asesinos de asesinos? Lo más santo y poderoso que ha habido en el mundo se ha desangrado bajo nuestros cuchillos, —¿quién nos limpia de esta sangre? ¿Con qué agua podríamos limpiarnos? ¿Qué fiestas expiatorias, qué juegos sagrados tendremos que inventar? La grandeza de este acto, ¿no es demasiado grande para nosotros? ¿No hemos de convertirnos nosotros mismos en dioses para aparecer dignos de él? […] Entonces se calló el hombre loco, mirando de nuevo a sus oyentes: también estos callaron, mirándolo extrañados. Al fin él arrojó al suelo su linterna, así que se rompió en pedazos y se apagó. «Llego demasiado pronto», dijo luego. «Este acontecimiento tremendo está todavía en camino, — no ha llegado aún hasta los oídos de los hombres. […] Este acto para ellos está todavía más lejos que los astros más lejanos — ¡y sin embargo, han sido ellos quienes lo cometieron!» — Se cuenta que ese mismo día el hombre loco penetró en varias iglesias y en ellas entonó su requiem aeternam deo, y que cada vez que lo expulsaron y le pidieron cuentas se limitó a replicar: «¿qué entonces son aún estas iglesias sino las tumbas y monumentos fúnebres de Dios?»

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a La gaya ciencia, obra en la que Nietzsche critica a fondo la tradición metafísica y moral de Occidente y anuncia en ella la muerte de Dios.

Idea principal 1.1

La idea principal es que la muerte de Dios obliga a transformar de raíz al propio hombre: «¿No hemos de convertirnos nosotros mismos en dioses para aparecer dignos de él?». Pero el acontecimiento aún no se ha entendido del todo: el propio loco reconoce que llega «demasiado pronto» y que ese hecho tremendo «está todavía en camino» hacia todos nosotros.

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es qué hacer ante el enorme vacío que deja el fundamento destruido. Si ya no queda ningún absoluto, ¿quién crea entonces el valor y el sentido? La alternativa que aquí queda planteada es dura: o bien un nihilismo pasivo que vive de espaldas a ese vacío, o bien un hombre elevado a creador de valores. El problema es ontológico, aunque sus consecuencias sean sobre todo morales: se pregunta aquí en qué tiene que convertirse el ser humano para poder ocupar ese lugar creador que ha quedado vacío.

Comentario del texto 1.2

El texto empieza con una serie de preguntas sobre la expiación del crimen, es decir, sobre cómo purificarse de un crimen. ¿Cómo podríamos consolarnos, «asesinos de asesinos», si hemos matado «lo más santo y poderoso que ha habido en el mundo» entero? ¿Quién nos limpia ahora de esa sangre, con qué agua, con qué «fiestas expiatorias»? Conviene notar que el lenguaje religioso se está volviendo aquí, punto por punto, contra la propia religión: matar a Dios exigiría ritos nuevos y toda una cultura nueva.

La respuesta que el texto insinúa apunta muy alto. Si la grandeza misma del acto resulta «demasiado grande para nosotros», entonces cabe preguntarse con razón: «¿No hemos de convertirnos nosotros mismos en dioses para aparecer dignos de él?». O el hombre ocupa por fin el lugar creador que ha quedado vacío, o ese vacío acaba aplastándolo. Aquí está ya anticipada del todo la idea del superhombre.

Luego el loco fracasa estrepitosamente. Sus oyentes callan de pronto y lo miran extrañados, él arroja entonces la linterna al suelo y admite que llega «demasiado pronto», porque el acontecimiento «no ha llegado aún hasta los oídos de los hombres» y está «todavía más lejos que los astros más lejanos». Los grandes hechos tardan mucho en verse, incluso después de cometidos: la fe ya ha muerto, pero sus consecuencias todavía no se notan. Y ahí está precisamente lo más irónico de todo, porque «han sido ellos quienes lo cometieron»: los ateos burlones son en realidad asesinos que ignoran su propio crimen.

El cierre del texto es profundamente sarcástico. El loco entra ese mismo día en varias iglesias y entona en ellas un réquiem por Dios, y cuando le piden cuentas de ello responde preguntando qué son ya esas iglesias «sino las tumbas y monumentos fúnebres de Dios». La religión sigue en pie, desde luego, pero solo como cadáver institucional. Y en la figura misma del loco se retrata el propio Nietzsche: el pensador que llega siempre antes de tiempo.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando el hombre loco pregunta si no habremos de convertirnos en dioses, Nietzsche está anunciando el acontecimiento central de su filosofía. El texto muestra sus dos caras. Por un lado, la fe que sostenía a Occidente ha perdido su fuerza, y con ella se tambalean la verdad, la moral y el sentido de la vida: eso es exactamente el nihilismo. Por otro lado, se abre lo que él llama el mar abierto, es decir, la posibilidad de crear valores nuevos.

Conviene advertir además, y es decisivo, que «Dios» no significa aquí solo el Dios cristiano, sino todo el mundo suprasensible inventado desde Platón: las Ideas, la verdad eterna, el bien en sí, el más allá. La muerte de Dios es el final de esa larga historia, que Nietzsche diagnostica como médico y quiere invertir. Veamos ahora su filosofía en conjunto.

Síntesis de la filosofía de Nietzsche 2.2

La filosofía de Nietzsche es, ante todo, un vitalismo, lo que significa que el valor más alto es la vida misma y que toda idea, sin excepción, se juzga según la favorezca o la niegue.

Su diagnóstico de fondo es que Occidente se ha construido entero contra la vida. Platón inventó un «mundo verdadero», eterno, perfecto e inmutable, y rebajó este mundo de aquí, el del cuerpo y el cambio, a la condición de simple apariencia. El cristianismo extendió después ese esquema entre la gente corriente, y por eso Nietzsche lo llama «platonismo para el pueblo». La moral tradicional, además, nace según él del resentimiento de los débiles contra todo lo fuerte y vital.

La crítica alcanza también, y muy a fondo, al conocimiento. Las categorías de la razón —sustancia, causa, yo, ser— no son más que ficciones útiles que el lenguaje nos impone. Los sentidos no mienten, porque muestran el cambio tal como es; la que miente es la razón, que lo congela en conceptos fijos. No hay, por tanto, ninguna verdad absoluta: toda verdad es interpretación, un punto de vista al servicio de la vida.

El anuncio central es la muerte de Dios, es decir, la constatación de que la fe que sostenía la verdad, la moral y el sentido de la vida ha perdido toda su fuerza. La consecuencia inmediata es el nihilismo, que puede ser pasivo, si lleva a desesperar o a seguir viviendo de valores ya muertos, o activo, si se aprovecha como ocasión para crear valores nuevos.

De ahí sale su propuesta. El superhombre es aquel que crea sus propios valores, permanece siempre fiel a la tierra y dice sí a la vida entera, incluso a lo más terrible que traiga: esa es la actitud dionisíaca. La voluntad de poder es el fondo último de toda vida, el afán de crecer, de superarse y de crear. Y el eterno retorno viene a ser la prueba definitiva de esa afirmación: vivir de tal modo que uno quiera que su vida se repita eternamente.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: la filosofía griega clásica 3.1

El problema que plantea el texto es, en el fondo, una tesis muy concreta sobre la verdad: no existe ninguna verdad absoluta y eterna, y lo que llamamos verdad no es más que una construcción al servicio de la vida. Al negarla, Nietzsche rechaza de raíz la concepción que fundó Occidente, la verdad entendida como la adecuación de la razón a lo real.

Esa concepción pertenece a la filosofía griega clásica, la corriente que, de Parménides a Aristóteles, sostiene que hay una realidad estable, universal y siempre idéntica y que la razón, apartándose de los sentidos, puede llegar a conocerla tal como es en sí misma. La verdad resulta así una, eterna e inmutable, y de ella depende también, en último término, el bien. Esta corriente es precisamente el gran adversario de todo el texto, y su representante máximo es, sin duda, Platón.

El autor: Platón 3.2

Platón sostiene, frente a él, punto por punto, exactamente lo que el texto destruye, porque para él los dos términos de esa adecuación son firmes y seguros. Hay una realidad verdadera, el mundo inteligible de las Ideas, eternas, inmutables y siempre iguales, del que todo lo que percibimos no es más que una copia; y su axioma es justamente el que Nietzsche cita para demolerlo: «lo que es no deviene; lo que deviene no es». Y hay además una razón capaz de alcanzarla, porque el alma, apartándose de los sentidos, que solo dan opinión o doxa, asciende poco a poco mediante la dialéctica hasta las Ideas y hasta su fundamento último, la Idea del Bien, causa a la vez del ser y de la verdad.

La verdad es, pues, exactamente lo que Nietzsche niega: la adecuación de la razón a lo real, y no un invento de la vida. Es más, y esto es decisivo, la relación entre ambas se invierte por completo, porque para Platón la verdad no depende de la vida, sino que la vida buena depende de la verdad: quien conoce el Bien vive necesariamente bien, y por tanto el saber funda el valor.

Y ese fundamento absoluto es precisamente lo que muere con la muerte de Dios. El Bien platónico, situado «más allá de la esencia», es el primer sol de toda la cultura occidental, de modo que cuando el hombre loco pregunta qué hicimos al desatar esta Tierra de su Sol, el sol que se ha apagado es el de Platón. Por eso Nietzsche llama al cristianismo «platonismo para el pueblo» y se presenta a sí mismo, sin ninguna modestia, como el anti-Platón.

La confrontación es total y no admite término medio: verdad hallada o verdad creada; ser o devenir; el alma contra el cuerpo o el cuerpo como gran razón; ascenso al Bien o fidelidad a la tierra.