Departamento deFilosofía
Platón · República

5 · El Bien, el estudio supremo

—Pero ¿acaso —preguntó Adimanto— no son la justicia y lo demás que hemos descrito lo supremo, sino que hay algo todavía mayor?
—Mayor, ciertamente —respondí—. Y de esas cosas mismas no debemos contemplar, como hasta ahora, un bosquejo, sino no pararnos hasta tener un cuadro acabado. ¿No sería ridículo acaso que pusiésemos todos nuestros esfuerzos en otras cosas de escaso valor, de modo de alcanzar en ellas la mayor precisión y pureza posibles, y que no consideráramos dignas de la máxima precisión justamente a las cosas supremas?
—Efectivamente; pero en cuanto a lo que llamas 'el estudio supremo' y en cuanto a lo que trata, ¿te parece que podemos dejar pasar sin preguntarte qué es?
—Por cierto que no, pero también tú puedes preguntar. Por lo demás, me has oído hablar de eso no pocas veces; y ahora, o bien no recuerdas, o bien te propones plantear cuestiones para perturbarme. Es esto más bien lo que creo, porque con frecuencia me has escuchado decir que la Idea del Bien es el objeto del estudio supremo, a partir de la cual las cosas justas y todas las demás se vuelven útiles y valiosas. Y bien sabes que estoy por hablar de ello y, además, que no lo conocemos suficientemente. Pero también sabes que, si no lo conocemos, por más que conociéramos todas las demás cosas, sin aquello nada nos sería de valor, así como si poseemos algo sin el Bien. ¿O crees que da ventaja poseer cualquier cosa si no es buena, y comprender todas las demás cosas sin el Bien y sin comprender nada bello y bueno?

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Este texto pertenece a la República, obra en la que Platón se pregunta qué es la justicia y expone al hacerlo, de pasada, las bases de su idea de la realidad y del conocimiento.

Idea principal 1.1

La idea principal es que la Idea del Bien es el verdadero objeto del «estudio supremo». Por encima de la justicia y de todas las demás virtudes hay todavía algo mayor, porque solo del Bien depende que las cosas justas se vuelvan realmente útiles y valiosas. Sin conocerlo a él, ningún saber ni ninguna posesión tiene valor alguno.

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema de fondo es en qué se apoya realmente el valor. ¿Qué es lo que hace buenas a las cosas buenas? ¿Existe acaso un principio absoluto que una el conocimiento y la moral, o el valor es siempre relativo y distinto para cada cual? Se trata de un problema ontológico con derivas epistemológicas: el Bien es antes que ninguna otra cosa una realidad, y solo por serlo se vuelve después la condición de todo saber posible.

Comentario del texto 1.2

El texto está construido como un diálogo entre Sócrates y Adimanto. Adimanto pregunta si la justicia es de verdad lo más alto que hay, y Sócrates responde que existe todavía algo mayor. Pide además rigor, porque de las cosas supremas no basta con hacer un simple bosquejo: hace falta un cuadro del todo acabado. Sería ridículo esforzarse al máximo en cosas de escaso valor y no exigir en cambio la máxima precisión justamente a las supremas. Cuanto más importa algo, más en serio hay que ponerse a estudiarlo.

Ese objeto supremo del estudio es la Idea del Bien, que Sócrates no define diciendo qué es en sí misma, sino más bien para qué sirve: es aquello «a partir de la cual las cosas justas y todas las demás se vuelven útiles y valiosas». El Bien no es, por tanto, una cosa buena más entre otras muchas, sino la fuente misma de la que sale el valor de todas las demás cosas. Con esta manera de definirlo se anuncia ya de lejos el símil del sol, porque igual que el sol manda en todo el mundo visible, el Bien manda en el mundo de las Ideas.

Llega entonces el aviso central del pasaje, que sin el Bien nada vale absolutamente nada: aunque llegáramos a conocer todas las demás cosas, sin aquello nada nos sería de valor. La pregunta final lo remata bien, porque de poco sirve poseer cualquier cosa si esa cosa no es buena. Los saberes técnicos y las riquezas quedan así muy por debajo del conocimiento moral más alto.

Aquí está la base de toda la tesis política de Platón, ya que solo quien conoce el Bien puede llegar a gobernar bien, y ese alguien es el filósofo. Llama la atención, además, y mucho, la modestia de Sócrates, que admite abiertamente no conocerlo lo suficiente: lo que más falta nos hace resulta ser a la vez lo más difícil de conocer.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Platón presenta la Idea del Bien como el objeto del «estudio supremo», está poniendo la última pieza de su sistema. El texto ha mostrado con claridad que el Bien es la base del valor, de la verdad y de la existencia misma. Sin conocerlo ningún saber sirve de nada, y quien aspire a gobernar tendrá que conocerlo primero. Eso no es una afirmación aislada, sino la cima misma del mundo de las Ideas.

Ahora bien, una cima solo se entiende viendo el edificio entero: dos mundos, el sensible y el inteligible; dos formas de conocer, la opinión y la ciencia; dos realidades en el ser humano, el cuerpo y el alma; y, al final, una conclusión política, la de que debe gobernar quien conozca el Bien. Conviene exponer ese sistema completo.

Síntesis de la filosofía de Platón 2.2

La filosofía de Platón nace de dos golpes muy concretos. Los sofistas enseñaban que no hay verdades firmes, sino que cada cual tiene la suya, y a eso se lo llama relativismo; además, Atenas condenó a muerte a Sócrates, su maestro. De ahí su objetivo: encontrar un saber seguro que sirva de base para vivir bien y para gobernar con acierto.

El centro de su filosofía es la teoría de las Ideas, según la cual la realidad se parte en dos mitades muy desiguales. El mundo sensible es el que se ve y se toca: material, cambiante, imperfecto, una simple copia de otra cosa. El mundo inteligible es el de las Ideas: realidades perfectas y eternas que no cambian nunca ni se corrompen, como la Belleza misma o la Justicia misma. Las cosas de aquí abajo son lo que son porque imitan a esas Ideas, y a esa imitación Platón la llama participar. En lo más alto de todo está la Idea del Bien, que da existencia y verdad a lo demás igual que el sol da luz y vida a cuanto crece.

A cada mundo le corresponde un tipo de saber. Del sensible solo cabe opinión, en griego doxa, que puede fallar y que varía de unos a otros. Del inteligible cabe ciencia, episteme, con dos grados: el razonamiento de las matemáticas y la inteligencia de la dialéctica. Y conocer es en el fondo acordarse, porque el alma vio las Ideas antes de nacer: eso es la reminiscencia.

El ser humano queda dividido igual, en un alma inmortal y un cuerpo mortal que la ata a lo sensible y la estorba. El alma tiene tres partes —racional, irascible y concupiscible—, cuyo buen funcionamiento da tres virtudes: la sabiduría, el valor y la templanza. Del orden entre esas tres partes nace la justicia.

La política repite exactamente el mismo esquema. La ciudad justa tiene tres clases —gobernantes, guardianes y productores—, cada una con su tarea propia, y debe mandar quien conoce el Bien, es decir, el filósofo. Por eso la educación es la tarea política suprema: el largo ascenso desde las sombras de la caverna hasta la luz del Bien.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: el vitalismo del siglo XIX 3.1

El problema que plantea el texto lleva a una pregunta mayor: qué es la verdad. Para Platón la verdad es la adecuación de la razón a lo real, porque la razón se aparta de los sentidos y de sus engaños y alcanza aquello que de verdad existe, que son las Ideas, eternas y siempre iguales a sí mismas. Y esa adecuación se apoya en algo previo y más hondo. En Platón la verdad no es solo una cualidad de lo que decimos, sino también de lo que hay: unas cosas son más verdaderas que otras porque son más reales. Por eso puede afirmar que las Ideas tienen más verdad que las copias que percibimos, y por eso la línea separa sus secciones «en cuanto a su verdad y no verdad». De ahí sus tres rasgos: es una sola, vale para todos los hombres y no cambia nunca. Y no es una idea solo suya, sino que define a toda la filosofía griega clásica.

Frente a ella aparece en el siglo XIX el vitalismo, que rompe de arriba abajo el esquema entero. Para el vitalismo no existe ninguna realidad eterna esperando en algún sitio a ser encontrada, porque la realidad es vida, cambio, un fluir continuo que no se detiene nunca. Y la razón no es un espejo que refleje lo real, sino una herramienta que la vida se da a sí misma para orientarse. Así, la verdad deja de ser algo que se halla y pasa a ser una creación de la vida. Su representante más radical es, sin duda, Nietzsche.

El autor: Nietzsche 3.2

Nietzsche niega las dos piezas que sostienen esa adecuación, la realidad y la razón. Empieza por negar que existan dos mundos distintos: el de las Ideas sencillamente no está ahí, y lo real es el cambio continuo que muestran los sentidos, no lo eterno e inmóvil que promete la razón. Y niega después el papel de la razón, porque, lejos de encontrar la realidad, lo que hace es falsearla. Los sentidos no mienten nunca; la que miente es la razón, que congela el cambio en conceptos fijos e inmóviles como sustancia, identidad o ser. Por eso llama a las Ideas «momias conceptuales», y la imagen está muy bien elegida: algo que estaba vivo, secado y vendado para que dure siempre.

La verdad, entonces, ya no es adecuación alguna, sino una ficción útil que nació como un conjunto de errores que ayudaban a vivir y que acabaron pareciendo evidentes. De ahí que preguntar por la verdad sea en realidad preguntar otra cosa: qué clase de vida se expresa en ella. Y la vida que inventó el mundo verdadero es, según Nietzsche, una vida débil y cansada, incapaz de soportar el cambio, que se venga de él imaginando otro mundo mejor.

El choque alcanza también al alma, porque para Platón conocer es recordar lo que el alma inmortal vio antes de nacer, y la razón nos emparenta directamente con lo divino. Nietzsche le da la vuelta al asunto: venimos del cuerpo y de sus impulsos, y el alma separable no es más que la ficción que enseñó a despreciar la tierra. Frente a la subida platónica hacia el Bien, él propone la fidelidad a la tierra: decir que sí al cambio entero, incluso a lo más terrible que traiga. Por eso su filosofía puede definirse como un platonismo invertido, el mismo esquema platónico puesto exactamente del revés.