Departamento de Filosofía
Platón · República

8 · El símil del Sol

—Lo que en el ámbito inteligible es el Bien respecto de la inteligencia y de lo que se intelige, esto es el sol en el ámbito visible respecto de la vista y de lo que se ve.
—¿Cómo? Explícate.
—Bien sabes que los ojos, cuando se los vuelve sobre objetos cuyos colores no están ya iluminados por la luz del día sino por el resplandor de la luna, ven débilmente, como si no tuvieran claridad en la vista.
—Efectivamente.
—Pero cuando el sol brilla sobre ellos, ven nítidamente, y parece como si estos mismos ojos tuvieran la claridad.
—Sin duda.
—Del mismo modo piensa así lo que corresponde al alma: cuando fija su mirada en objetos sobre los cuales brilla la verdad y lo que es, intelige, conoce y parece tener inteligencia; pero cuando se vuelve hacia lo sumergido en la oscuridad, que nace y perece, entonces opina y percibe débilmente con opiniones que la hacen ir de aquí para allá, y da la impresión de no tener inteligencia.
—Eso parece, en efecto.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Nos encontramos ante un texto de la República, obra en la que Platón reflexiona sobre la justicia y expone los fundamentos de su ontología y su epistemología.

Idea principal 1.1

La idea principal es el símil del sol: «lo que en el ámbito inteligible es el Bien respecto de la inteligencia..., esto es el sol en el ámbito visible respecto de la vista». El alma conoce cuando mira lo iluminado por «la verdad y lo que es». Cuando mira lo que «nace y perece», solo opina.

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema filosófico de fondo es el de las condiciones del conocimiento. ¿Por qué unas veces conocemos y otras solo opinamos? ¿Existen grados de realidad y, con ellos, grados de saber? ¿Qué principio hace posible que la razón conecte con lo real?

Comentario del texto 1.2

El texto se organiza como una analogía. Del Bien no se puede hablar directamente. Pero sí se puede mostrar su función comparándolo con el sol. La proporción es esta: el Bien es al mundo inteligible lo que el sol al mundo visible.

Primero se explica el lado sensible. De noche, con «el resplandor de la luna», los ojos «ven débilmente, como si no tuvieran claridad». De día, «cuando el sol brilla sobre ellos, ven nítidamente». La lección es importante. Ver no depende solo del ojo y del objeto. Hace falta un tercer elemento: la luz. Sin luz no hay visión.

Luego se aplica al alma. Cuando el alma «fija su mirada en objetos sobre los cuales brilla la verdad y lo que es, intelige, conoce». Pero cuando «se vuelve hacia lo sumergido en la oscuridad, que nace y perece, entonces opina y percibe débilmente», con opiniones «que la hacen ir de aquí para allá». El texto distingue así dos niveles de conocimiento: la ciencia (episteme) y la opinión (doxa). Y dos niveles de realidad: «lo que es» —las Ideas eternas— y lo que «nace y perece» —lo sensible.

La misma alma puede conocer u opinar. Todo depende de hacia dónde mire. Conocer es reorientar la mirada. El mito de la caverna dramatizará esta idea. En el fondo, el símil enseña que el conocimiento depende del ser: cuanto más real es el objeto, más verdadero es el saber. Y todo, ser y verdad, depende del Bien que ilumina.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Platón compara el Bien con el sol, está coronando todo su sistema. El texto nos ha mostrado que el Bien es fundamento del valor, de la verdad y hasta del ser: sin conocerlo, ningún saber vale, y quien gobierne deberá conocerlo. Esa tesis no es una ocurrencia aislada: es la cúspide del mundo de las Ideas.

Pero la cúspide solo se entiende viendo el edificio entero. Hay dos mundos: el sensible, copia imperfecta, y el inteligible, el de las Ideas. Dos formas de conocimiento: opinión y ciencia. Dos realidades en el hombre: cuerpo y alma. Y una conclusión política: debe gobernar quien conozca el Bien. Veamos ese sistema en conjunto.

Síntesis de la filosofía de Platón 2.2

La filosofía de Platón nace como respuesta al relativismo de los sofistas y a la condena de Sócrates: busca un saber firme sobre el que fundar la vida y la política.

Su núcleo es la teoría de las Ideas. La realidad se divide en dos mundos. El sensible es el que percibimos: material, cambiante, imperfecto; pura copia. El inteligible es el de las Ideas: realidades perfectas, eternas e inmutables, como lo Bello en sí o la Justicia en sí. Las cosas son lo que son por participar de las Ideas. Y en la cúspide está la Idea del Bien, que da ser y verdad a todo, como el sol da luz y vida.

A los dos mundos corresponden dos saberes. De lo sensible solo hay opinión (doxa). De lo inteligible hay ciencia (episteme): el pensamiento discursivo de las matemáticas y la inteligencia de la dialéctica. Además, conocer es recordar: el alma contempló las Ideas antes de nacer, y aprender es reminiscencia.

La antropología es dualista. El hombre es un alma inmortal unida a un cuerpo mortal que la ata a lo sensible. El alma tiene tres partes: racional, irascible y concupiscible. Su orden es la virtud —sabiduría, valor, templanza— y de ese orden nace la justicia.

La política reproduce el esquema. La ciudad justa tiene tres clases: gobernantes, guardianes y productores; cada una debe hacer lo suyo. Y debe gobernar quien conoce el Bien: el filósofo. Por eso la educación es la tarea política suprema: el ascenso desde las sombras de la caverna hasta la luz del Bien.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: el vitalismo del siglo XIX 3.1

El problema planteado en el texto desemboca en una concepción de la verdad. Para Platón, la verdad es el encuentro entre la razón y la realidad: la razón, apartándose de los sentidos, alcanza lo que verdaderamente es, las Ideas eternas e inmutables. La verdad es, por eso, una, universal e invariable. Esta concepción no es solo suya: define a toda la filosofía griega clásica. Frente a ella, en el siglo XIX surge una corriente que rompe ese esquema: el vitalismo. Para el vitalismo no hay una realidad eterna que la razón pueda encontrar: la realidad es vida, cambio, devenir. Y la razón no es un espejo de lo real, sino un instrumento al servicio de la vida. La verdad deja de ser encuentro y pasa a ser creación vital. El representante más radical de esta corriente es Nietzsche.

El autor: Nietzsche 3.2

Nietzsche niega los dos términos del encuentro platónico. Primero, la realidad: no existe el mundo de las Ideas; «el mundo “aparente” es el único: el “mundo verdadero” no es más que un añadido mentiroso». Lo real es el devenir que muestran los sentidos, no lo eterno que promete la razón. Segundo, la razón: lejos de encontrar la realidad, la falsifica. Los sentidos «no mienten de ninguna manera»; la que miente es la razón, que congela el cambio en conceptos fijos: sustancia, identidad, ser. Las Ideas platónicas no son descubrimientos, sino «momias conceptuales».

Por eso la verdad, para Nietzsche, no es encuentro sino ficción útil: nació como un conjunto de errores que favorecían la vida, y solo «muy tarde» apareció como problema. Preguntar por la verdad es preguntar qué vida se expresa en ella. Y la vida que inventó el mundo verdadero es, a su juicio, una vida débil, que no soporta el devenir y se venga de él imaginando algo mejor.

La confrontación alcanza también al alma. Para Platón, conocer es recordar lo que el alma inmortal contempló; la razón nos emparenta con lo divino. Nietzsche invierte el argumento: venimos de un mundo «mucho más bajo», del cuerpo y sus impulsos; el alma separable es la ficción que enseñó a despreciar la tierra. Frente al ascenso platónico hacia el Bien, su propuesta es la fidelidad a la tierra: decir sí al devenir entero, incluso a lo terrible. Por eso su filosofía puede definirse como un platonismo invertido.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.