Departamento de Filosofía
Platón · República

11 · Las secciones de lo inteligible

—Ahora examina si no hay que dividir también la sección de lo inteligible.
—¿De qué modo?
—De éste. Por un lado, en la primera parte de ella, el alma, sirviéndose de las cosas antes imitadas como si fueran imágenes, se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando no hasta un principio sino hacia una conclusión. Por otro lado, en la segunda parte, avanza hasta un principio no supuesto, partiendo de un supuesto y sin recurrir a imágenes —a diferencia del otro caso—, efectuando el camino con Ideas mismas y por medio de Ideas.
—No he aprehendido suficientemente esto que dices.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Nos encontramos ante un texto de la República, obra en la que Platón reflexiona sobre la justicia y expone los fundamentos de su ontología y su epistemología.

Idea principal 1.1

La idea principal es que también lo inteligible se divide en dos. En la primera sección, el alma «se ve forzada a indagar a partir de supuestos», usando las cosas «como si fueran imágenes», y va hacia una conclusión. En la segunda, «avanza hasta un principio no supuesto», «sin recurrir a imágenes», moviéndose solo entre Ideas.

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema filosófico de fondo es el de los modos del saber racional. ¿Todo pensamiento riguroso vale lo mismo? ¿Puede llamarse ciencia plena un saber que descansa en supuestos sin justificar? ¿O la ciencia exige llegar a un fundamento incondicionado?

Comentario del texto 1.2

El texto da un paso más en el símil de la línea. No basta separar lo sensible de lo inteligible. Dentro de la propia razón hay dos métodos y dos grados de claridad.

El primero es el modo matemático, que Platón llama dianoia. Tiene dos limitaciones. Primera: parte de hipótesis que no cuestiona. El alma «se ve forzada a indagar a partir de supuestos, marchando no hasta un principio sino hacia una conclusión». Segunda: necesita apoyarse en figuras, en «las cosas antes imitadas como si fueran imágenes». El matemático deduce bien, pero no examina sus puntos de partida. Y sigue necesitando dibujos.

El segundo es el modo dialéctico, la noesis. Aquí todo cambia de dirección. El alma no baja de la hipótesis a la conclusión. Sube desde las hipótesis «hasta un principio no supuesto». Ese principio incondicionado es, según el conjunto del libro VI, la Idea del Bien. Además, la dialéctica no usa imágenes. Trabaja «con Ideas mismas y por medio de Ideas». Es pensamiento puro.

Glaucón confiesa su dificultad: «No he aprehendido suficientemente esto que dices». Su duda tiene una función pedagógica. Obliga a Sócrates a explicarse con el ejemplo de los geómetras, que viene en el texto siguiente.

Este pasaje fundamenta el plan de estudios del filósofo. Las matemáticas son necesarias: despegan el alma de lo sensible. Pero no bastan. Solo la dialéctica, que da razón de sus fundamentos, merece el nombre de ciencia. Saber de verdad no es solo deducir bien. Es poder justificar los propios principios.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Platón distingue dos modos de saber dentro de lo inteligible, está condensando su filosofía entera. El texto nos ha mostrado que el ser tiene grados y el conocimiento también: de la conjetura a la inteligencia, cada nivel de saber depende del nivel de realidad de su objeto. No hay teoría del conocimiento sin teoría del ser.

El símil presupone, de hecho, todo el dualismo platónico: un mundo visible hecho de copias y un mundo inteligible hecho de Ideas, con el Bien en la cima. El alma debe ascender del uno al otro mediante la educación, que culmina en la dialéctica. Y ese ascenso tiene meta política: formar al filósofo gobernante. Conviene exponer ahora el sistema completo.

Síntesis de la filosofía de Platón 2.2

La filosofía de Platón nace como respuesta al relativismo de los sofistas y a la condena de Sócrates: busca un saber firme sobre el que fundar la vida y la política.

Su núcleo es la teoría de las Ideas. La realidad se divide en dos mundos. El sensible es el que percibimos: material, cambiante, imperfecto; pura copia. El inteligible es el de las Ideas: realidades perfectas, eternas e inmutables, como lo Bello en sí o la Justicia en sí. Las cosas son lo que son por participar de las Ideas. Y en la cúspide está la Idea del Bien, que da ser y verdad a todo, como el sol da luz y vida.

A los dos mundos corresponden dos saberes. De lo sensible solo hay opinión (doxa). De lo inteligible hay ciencia (episteme): el pensamiento discursivo de las matemáticas y la inteligencia de la dialéctica. Además, conocer es recordar: el alma contempló las Ideas antes de nacer, y aprender es reminiscencia.

La antropología es dualista. El hombre es un alma inmortal unida a un cuerpo mortal que la ata a lo sensible. El alma tiene tres partes: racional, irascible y concupiscible. Su orden es la virtud —sabiduría, valor, templanza— y de ese orden nace la justicia.

La política reproduce el esquema. La ciudad justa tiene tres clases: gobernantes, guardianes y productores; cada una debe hacer lo suyo. Y debe gobernar quien conoce el Bien: el filósofo. Por eso la educación es la tarea política suprema: el ascenso desde las sombras de la caverna hasta la luz del Bien.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: el vitalismo del siglo XIX 3.1

El problema planteado en el texto desemboca en una concepción de la verdad. Para Platón, la verdad es el encuentro entre la razón y la realidad: la razón, apartándose de los sentidos, alcanza lo que verdaderamente es, las Ideas eternas e inmutables. La verdad es, por eso, una, universal e invariable. Esta concepción no es solo suya: define a toda la filosofía griega clásica. Frente a ella, en el siglo XIX surge una corriente que rompe ese esquema: el vitalismo. Para el vitalismo no hay una realidad eterna que la razón pueda encontrar: la realidad es vida, cambio, devenir. Y la razón no es un espejo de lo real, sino un instrumento al servicio de la vida. La verdad deja de ser encuentro y pasa a ser creación vital. El representante más radical de esta corriente es Nietzsche.

El autor: Nietzsche 3.2

Nietzsche niega los dos términos del encuentro platónico. Primero, la realidad: no existe el mundo de las Ideas; «el mundo “aparente” es el único: el “mundo verdadero” no es más que un añadido mentiroso». Lo real es el devenir que muestran los sentidos, no lo eterno que promete la razón. Segundo, la razón: lejos de encontrar la realidad, la falsifica. Los sentidos «no mienten de ninguna manera»; la que miente es la razón, que congela el cambio en conceptos fijos: sustancia, identidad, ser. Las Ideas platónicas no son descubrimientos, sino «momias conceptuales».

Por eso la verdad, para Nietzsche, no es encuentro sino ficción útil: nació como un conjunto de errores que favorecían la vida, y solo «muy tarde» apareció como problema. Preguntar por la verdad es preguntar qué vida se expresa en ella. Y la vida que inventó el mundo verdadero es, a su juicio, una vida débil, que no soporta el devenir y se venga de él imaginando algo mejor.

La confrontación alcanza también al alma. Para Platón, conocer es recordar lo que el alma inmortal contempló; la razón nos emparenta con lo divino. Nietzsche invierte el argumento: venimos de un mundo «mucho más bajo», del cuerpo y sus impulsos; el alma separable es la ficción que enseñó a despreciar la tierra. Frente al ascenso platónico hacia el Bien, su propuesta es la fidelidad a la tierra: decir sí al devenir entero, incluso a lo terrible. Por eso su filosofía puede definirse como un platonismo invertido.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.