Departamento de Filosofía
Descartes · Meditaciones metafísicas II

26 · La naturaleza del cuerpo

En lo tocante al cuerpo, no dudaba en absoluto de su naturaleza, pues pensaba conocerla muy distintamente, y, de querer explicarla según las nociones que entonces tenía, la hubiera descrito así: entiendo por cuerpo todo aquello que puede estar delimitado por una figura, estar situado en un lugar y llenar un espacio, de suerte que todo otro cuerpo quede excluido; todo aquello que puede ser sentido por el tacto, la vista, el oído, el gusto o el olfato; que puede moverse de distintos modos, no por sí mismo, sino por alguna otra cosa que lo toca y cuya impresión recibe; pues no creía yo que fuera atribuible a la naturaleza corpórea la potencia de moverse, sentir y pensar: al contrario, me asombraba al ver que tales facultades se hallaban en algunos cuerpos.
Pues bien, ¿qué soy yo, ahora que supongo haber alguien extremadamente poderoso y, si es lícito decirlo así, maligno y astuto, que emplea todas sus fuerzas e industria en engañarme? ¿Acaso puedo estar seguro de poseer el más mínimo de esos atributos que acabo de referir a la naturaleza corpórea? Me paro a pensar en ello con atención, paso revista una y otra vez, en mi espíritu, a esas cosas, y no hallo ninguna de la que pueda decir que está en mí. No es necesario que me entretenga en recontarlas.
Cuestión 1 Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto
Obra

Nos encontramos ante un texto de las Meditaciones metafísicas, obra en la que Descartes busca fundamentar con certeza el conocimiento a partir de la duda metódica.

Idea principal 1.1

La idea principal es que nada corporal pertenece con certeza al yo. El cuerpo es lo que tiene figura, ocupa un lugar y llena un espacio; lo que «puede ser sentido»; lo que se mueve «no por sí mismo, sino por alguna otra cosa que lo toca». Bajo el genio maligno, no puedo «estar seguro de poseer el más mínimo de esos atributos».

Problema filosófico de fondo 1.1

El problema filosófico de fondo es la esencia de lo material y su relación con el sujeto. ¿Qué es un cuerpo? ¿Soy yo un cuerpo? La respuesta decidirá si pensamiento y materia son una misma realidad o dos realidades de distinto orden.

Comentario del texto 1.2

El texto contiene la definición cartesiana de cuerpo. Es muy precisa. Cuerpo es «todo aquello que puede estar delimitado por una figura, estar situado en un lugar y llenar un espacio, de suerte que todo otro cuerpo quede excluido». Es lo que «puede ser sentido por el tacto, la vista, el oído, el gusto o el olfato». Y lo que «puede moverse de distintos modos, no por sí mismo, sino por alguna otra cosa que lo toca». Tres notas: extensión, sensibilidad y pasividad. La cláusula «no por sí mismo» es clave. El cuerpo no se mueve solo. Lo mueven desde fuera. Aquí está la base de la física mecanicista: todo cambio corporal se explica por contacto y choque.

Descartes insiste en esa pasividad. No creía que al cuerpo le correspondiera «la potencia de moverse, sentir y pensar». Al contrario: le asombraba ver «tales facultades» en algunos cuerpos. Si algunos cuerpos (los vivos) se mueven, sienten y piensan, eso apunta a otro principio distinto de la materia.

Al final se aplica el filtro de la duda. Existe alguien «maligno y astuto» que emplea todas sus fuerzas en engañarme. ¿Puedo estar seguro de tener «el más mínimo» de los atributos corporales? Descartes repasa con cuidado: «paso revista una y otra vez, en mi espíritu, a esas cosas». La respuesta es no: «no hallo ninguna de la que pueda decir que está en mí». El cuerpo entero cae del lado de lo dudoso. Ser yo no incluye, con certeza, tener cuerpo. El terreno queda listo para el texto siguiente: de todos los atributos del alma, solo el pensamiento resistirá.

Cuestión 2 Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora
Vinculación con el pensamiento del autor 2.1

Cuando Descartes concluye que ningún atributo corporal le pertenece con certeza, está fundando la filosofía moderna. El texto nos ha mostrado qué es ese yo cuya existencia resiste toda duda: no un cuerpo, sino conciencia —dudar, entender, querer, imaginar, sentir—. La certeza de mi existencia dura lo que dura mi pensamiento.

El hallazgo cambia el punto de partida del saber: ya no es el mundo, sino el sujeto. Desde el yo habrá que recuperar a Dios y a las cosas. Y de la distinción entre pensamiento y cuerpo nacerá el dualismo cartesiano. Conviene exponer ahora el sistema completo.

Síntesis de la filosofía de Descartes 2.2

La filosofía de Descartes inaugura el racionalismo moderno. Ante el desprestigio de la escolástica y el éxito de la nueva ciencia, busca en la razón un saber tan firme como el de las matemáticas.

De ellas toma su método: evidencia (aceptar solo lo claro y distinto), análisis, síntesis y enumeración. Aplicado con radicalidad, el método se convierte en duda metódica: dudar de todo lo que admita el menor motivo de duda. Los sentidos engañan a veces. El sueño se confunde con la vigilia. Y un genio maligno podría engañarnos hasta en las matemáticas.

De esa duda universal se salva una certeza: «pienso, luego existo». El cogito es la primera verdad del sistema y el modelo de todas: se capta con claridad y distinción. El yo queda definido como sustancia pensante (res cogitans): su esencia es la conciencia, no el cuerpo.

Desde el yo se reconstruye lo demás. Entre mis ideas hay una que no puedo haber fabricado: la de un ser infinito y perfecto. Siendo yo finito, su causa solo puede ser Dios. Y Dios, por ser perfecto, no engaña: su veracidad garantiza el mundo exterior y el buen uso de la razón. El error nace de la voluntad, que juzga más allá de lo que el entendimiento ve claro.

El sistema queda en tres sustancias: Dios, sustancia infinita; el alma, sustancia pensante; y los cuerpos, sustancia extensa, regida por leyes mecánicas. En el hombre se unen las dos sustancias finitas: es el dualismo cartesiano, con su gran problema —la comunicación entre alma y cuerpo—, que Descartes intentó resolver, sin éxito, con la glándula pineal.

Cuestión 3 Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época
La corriente: las filosofías de la vida del siglo XX 3.1

El problema planteado en el texto descansa sobre una concepción de la razón. Para Descartes, la razón es una facultad única, igual en todos los hombres y en todas las épocas: una razón pura, intemporal, que con el método adecuado alcanza verdades absolutas. Es la fe del racionalismo moderno. Frente a ella, en el siglo XX se desarrollan las filosofías de la vida. Su tesis es que esa razón pura no existe: la razón nace de la vida, funciona dentro de una vida y sirve a una vida. Pensamos siempre desde una situación, una época y una biografía. No hay conocimiento sin punto de vista, y la pretensión de un saber válido para todos los tiempos es una ficción. En España, esta corriente culmina en el raciovitalismo de Ortega y Gasset.

El autor: Ortega y Gasset 3.2

Ortega confronta directamente la razón cartesiana. Descartes exige un sujeto que sea «un medio transparente, sin peculiaridad o color alguno, ayer igual a hoy y mañana»: solo así la evidencia vale siempre e igual para todos. Ortega responde que ese sujeto es imposible: «vida es peculiaridad, cambio, desarrollo; en una palabra: historia». El racionalismo, «para salvar la verdad, renuncia a la vida», y su sujeto puro resulta un «espectro irreal» que conoce pero no vive.

La incapacidad se comprueba en la historia. Si la razón es una e idéntica, ¿por qué la humanidad ha vivido «milenariamente» en el error y el desacuerdo? Descartes solo puede responder moralizando: erramos porque la voluntad desborda al entendimiento, «ésta es la causa de que me equivoque y peque». La historia queda en «un lugar de castigo»: el racionalismo es antihistórico.

Frente a la razón pura, Ortega propone otra concepción: la razón vital. La razón no es un tribunal fuera del tiempo, sino un instrumento que la vida se da para orientarse. El sujeto no es transparente ni deformador: es un cedazo que selecciona, y cada vida, cada pueblo y cada época captan su porción real de verdad. «La sola perspectiva falsa es ésa que pretende ser la única»: justo la que el método cartesiano exige. Donde Descartes buscaba la certeza desde ningún lugar, Ortega busca la verdad articulando todos los puntos de vista. La razón pura «tiene que ser sustituida por una razón vital», localizada, histórica y móvil.

Cuestiones

  1. Identifique y explique de manera argumentada las ideas y el problema filosófico fundamentales del texto elegido.
  2. Relacione las ideas del texto con la filosofía del autor o la autora correspondiente.
  3. Compare cómo se ha abordado en una corriente filosófica de otra época el problema planteado en el texto y confróntelo con el pensamiento de un autor o una autora de esa época.