Lo igual en sí y las Ideas
Existe «lo igual en sí mismo», que subsiste al margen de los maderos y piedras iguales, y sabemos qué es. «No es lo mismo esas cosas iguales y lo igual en sí»: la Idea es distinta de lo sensible.
Leer comentario →427 – 347 a. C.
Los textos de Platón siguen un mismo ascenso: de las cosas sensibles a las Ideas, de la opinión al conocimiento y, finalmente, a la Idea del Bien. Dos obras, un mismo camino: en el Fedón, la existencia de las Ideas y cómo el alma las conoce; en la República, la Idea del Bien y los grados por los que se asciende hasta ella.
Platón · Fedón
Las Ideas son realidades eternas y perfectas, distintas de las cosas sensibles. La reminiscencia explica cómo el alma puede reconocerlas.
Existe «lo igual en sí mismo», que subsiste al margen de los maderos y piedras iguales, y sabemos qué es. «No es lo mismo esas cosas iguales y lo igual en sí»: la Idea es distinta de lo sensible.
Leer comentario →Al ver cosas iguales «intuimos» lo igual en sí; pero esas cosas «carecen de algo» para serlo: lo imitan, mas le resultan inferiores. Quien lo advierte tuvo que haberlo visto antes.
Leer comentario →El conocimiento de lo igual es previo a los sentidos: teníamos que haberlo adquirido «antes de nacer», pues desde que nacemos ya usamos los sentidos refiriéndolos a aquello.
Leer comentario →Adquirido antes de nacer, se pierde al nacer y se recupera con los sentidos: «aprender» es «recuperar un conocimiento ya familiar», recordar. Vale también para lo bello, lo bueno, lo justo…
Leer comentario →Platón · República VI
El Bien es el principio supremo de lo real y de lo cognoscible. La línea dividida muestra el ascenso desde la opinión hasta la ciencia.
«La Idea del Bien es el objeto del estudio supremo, a partir de la cual las cosas justas y las demás se vuelven útiles y valiosas.» Sin conocerlo, «nada nos sería de valor».
Leer comentario →Para la mayoría el Bien es el placer; para los exquisitos, la inteligencia. Pero «la inteligencia del bien» es circular y el placer obliga a admitir «placeres malos». De ahí «muchas y grandes disputas».
Leer comentario →Lo que toda alma persigue, adivinándolo sin captarlo. No debe «permanecer en tinieblas» para los mejores del Estado: el guardián «debe conocer en qué sentido las cosas justas y bellas son buenas».
Leer comentario →«Lo que en el ámbito inteligible es el Bien respecto de la inteligencia… esto es el sol en el ámbito visible respecto de la vista.» Mirando lo verdadero, el alma intelige; vuelta a lo que «nace y perece», solo opina.
Leer comentario →El Bien «aporta la verdad» y «el poder de conocer»; es causa de ciencia y verdad, pero «más bello» que ellas. De él viene a las cosas «el existir y la esencia, aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se eleva más allá de la esencia en dignidad y potencia».
Leer comentario →Una línea en partes desiguales: lo visible (imágenes —«sombras, reflejos en el agua»— y sus originales —animales, plantas, cosas fabricadas—) y lo inteligible. «Lo opinable es a lo cognoscible como la copia es a lo copiado.»
Leer comentario →Lo inteligible se divide: en la primera parte el alma «indaga a partir de supuestos» usando imágenes, «hacia una conclusión»; en la segunda avanza «hasta un principio no supuesto… con Ideas mismas y por medio de Ideas».
Leer comentario →Los geómetras «suponen» lo par, lo impar, las figuras, «como si fueran evidentes», sin dar cuenta de ellos; y usan «figuras visibles» como imágenes, aunque piensan «en el Cuadrado en sí y la Diagonal en sí».
Leer comentario →La dialéctica hace de los supuestos «no principios sino peldaños» hasta «el principio no supuesto del todo», y desciende «sin servirse de nada sensible, sino de Ideas, a través de Ideas y en dirección a Ideas».
Leer comentario →El pensamiento discursivo (geómetras) es «algo intermedio entre la opinión y la inteligencia». Cuatro afecciones del alma, según participen de la verdad: inteligencia, pensamiento discursivo, creencia y conjetura.
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